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Complejo fortificado de Alcalá de Guadaíra (Sevilla).
HISTORIA Y TÉCNICAS CONSTRUCTIVAS
La aplicación del método arqueológico al análisis de ámbitos edificados viene aplicándose con cierto éxito desde hace varias décadas. Partimos de la base de que cualquier medio edificado presenta una sucesión de episodios de construcción/destrucción/abandono/recuperación, que permiten consecuentemente una articulación histórica de los elementos individuales. En este proceso tiene especial relevancia la identificación exhaustiva de cada uno de dichos episodios, así como de todos y cada uno de los elementos que los constituyen. Esta “arqueología de la arquitectura”, como ha dado en llamársele de forma efectista pero quizás demasiado simplificadora, cuenta actualmente con una extensa bibliografía, en la que el componente “edilicio” o “paramental” ha ido cobrando singular relevancia sobre la óptica arqueológica “clásica” (Caballero 1996, Parenti 1996, Tabales 1997).
Enrique Luis Domínguez Berenjeno
Arqueólogo. Doctor en Historia
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PREMISAS METODOLÓGICAS
Si bien la estratigrafía de lo emergente nos permite una aproximación detallada a la historia constructiva, se aprecia en la historiografía al uso la inevitable derivación hacia la especialización reduccionista. No debemos olvidar que, en última instancia, el tratar el edificio como un elemento arqueológico supone incluirlo en una explicación histórica, por lo que su comprensión vendrá dada por la conjunción de una serie de planos interpretativos:
El análisis integral con metodología arqueológica (alzado y subsuelo).
Su inserción espacial en un territorio sujeto a una dinámica histórica manifestada en evidencias arqueológicas y documentales.
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Contexto geográfico del término municipal de Alcalá de Guadaíra
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Por todo ello, es inevitable la búsqueda de un marco interpretativo global, que nos permita conjugar el proceso inductivo de recopilación de evidencias y estructuración de un discurso histórico explicativo con la inserción de dicho discurso local en un marco comprensivo de carácter regional y transhistórico.
EL CERRO DEL CASTILLO DE ALCALÁ (CA. 1500 a.C. S. II d.C.)
Alcalá de Guadaíra se localiza al sureste de Sevilla, sobre la formación calcarenítica de Los Alcores. Este elemento geográfico discurre en sentido noreste suroeste entre las actuales localidades de Carmona y Utrera, formando un escarpe que cierra el valle del Guadalquivir por el sureste en torno a las cotas 80-70 m. s.n.m. Al actuar como separador entre el valle y la campiña del Guadaíra Corbones, Los Alcores se han conformado históricamente como un elemento estratégico de singular importancia, siendo en los contados pasos que presentan donde se han venido concentrando los asentamientos.
Uno de dichos pasos es el formado por el cauce del río Guadaí-ra, un colector mediano con afluencia irregular, que a su paso por Los Alcores genera un cañón kárstico a la par que un relieve amesetado, con presencia de diversos cerros de erosión. Uno de ellos es el conocido como “Cerro del Castillo”, origen de la actual población de Alcalá de Guadaíra. Su emplazamiento combina varios elementos espaciales:
- Una cota superior amesetada en torno a los 70 m. s.n.m., en un cerro de fácil defensa.
Control visual del valle del Guadalquivir y el paso de Los Alcores hacia la campiña.
Inmediatez al cauce del Guadaíra, sus recursos hídricos y eventualmente su uso como medio de transporte.
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Recinto amurallado de Alcalá de Guadaíra. Planta general
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Estas circunstancias propiciaron una temprana habitación del Cerro. De esta forma, tenemos constancia arqueológica de la presencia de un pequeño asentamiento de la Edad del Bronce (II m. a.C.), aparentemente un poblado con muralla elipsoidal de mampuestos y cabañas circulares al interior (Pozo y Tabales 1989). Sus dimensiones parecen ponerlo en relación jerárquica con el cercano asentamiento de Gandul, de mayor tamaño y perduración. Su funcionalidad podría hallarse en relación con la explotación agrícola de los terrenos situados al este, como parece indicar la presencia en su interior de varios silos campaniformes excavados en la roca.
A este asentamiento le sucede un amplio hiatus poblacional, ya que parece que durante todo el tránsito al I m. a.C. y la época turdetana (ss. VI-III a.C.) el Cerro permanece deshabitado. Este hecho no sería extraño si tenemos en cuenta la progresiva concentración del poblamiento que a nivel territorial parece documentarse en el Bajo Guadalquivir en esta época. En Los Alcores, el auge de otros asentamientos (Gandul, Alcaudete, Carmona) y su interrelación con poblaciones cercanas (Orippo) podría explicar este despoblamiento.
El tránsito a la época romana parece venir marcado por una repoblación del Cerro. Hasta el momento, sin embargo, desconocemos su entidad y función. Únicamente tenemos constancia de este momento a través de la localización puntual de elementos constructivos, así como del registro de materiales cerámicos localizados en las laderas del Cerro. Así por ejemplo, se han localizado vertidos de laterculi y otros restos de pavimentaciones, en asociación con cerámicas de “turdetana”, campanienses o de barniz negro y restos anfóricos, todo lo cual nos sitúa en un rango cronológico entre los ss. II a.C. II d.C.
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Primeras evidencias arqueológicas. (Edad del Bronce-Época romana)
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Después del s. II se produce un nuevo vacío poblacional en el Cerro del Castillo, que abarca por el momento las épocas bajoimperial romana, visigoda y altoislámica (ss. III-XI). Sólo a partir de este momento volvemos a contar con evidencias materiales de poblamiento, que suponen de hecho el comienzo de la conformación de la edificación actualmente visible.
Alcalá de Guadaíra: de hisn a villa fortificada (ss. XI-XVI).
La primera referencia a Alcalá en época islámica la encontramos paradójicamente en un autor castellano del s. XIII, Rodrigo Jiménez de Rada, quien en su Historia Arabum menciona la fortaleza en el contexto de una noticia sobre la Taifa de Sevilla. Ello parece indicar un cierto papel de Alcalá (Qalat Yabir) como fortificación del entorno de Sevilla. No obstante, actualmente carecemos de cualquier testimonio material claro sobre este posible enclave del s. XI, por lo que debemos remitirnos a los hallazgos arqueológicos para establecer la época almohade (ss. XII-XIII) como arranque de la historia constructiva reciente de Alcalá.
Aunque ya se había apuntado anteriormente el origen almohade de buena parte de la edificación actual, las investigaciones de los últimos años han permitido establecer con certeza dos hechos fundamentales (Domínguez 2002):
Inexistencia de un asentamiento urbano andalusí (madina) en el Cerro del Castillo.
Consecuente reducción del ámbito edificado a la fortificación (hisn) localizada en el extremo occidental del Cerro.
El hisn original presentaría una planta pseudopentagonal, con acceso en recodo simple a través de una de las torres. En su interior no se han localizado estructuras, lo que descarta un asentamiento permanente o de envergadura. Posteriormente sería ampliado hacia el sur con un nuevo recinto, en cuyo interior se localizaron los restos de un hammam [baño] de planta axial con vestidor y secuencia de estancias “canónica” (sala “fría”, caldera y sauna).
Un detalle de especial interés lo constituyen las técnicas constructivas empleadas en esta fase almohade. La mayor parte de las investigaciones precedentes sobre el hisn alcalareño incidían en una supuesta fábrica de “tapial con basamento de mampostería”, idea derivada de un análisis superficial e inexacto del edificio. De hecho, los lienzos almohades de Alcalá presentan una potente fábrica de dobles espejos de mampostería toscamente careada, con relleno interior de un derretido de argamasa. Como característica específicamente almohade habría que destacar la presencia puntual de hiladas de mampuestos dispuestos a espiga, algo ya documentado en otros contextos almohades sevillanos. Esta fábrica general se combina con el uso de sillería en los basamentos y encintados esquineros de las dos torres almohades conservadas, y con el uso exclusivo de mampostería careada de medianas dimensiones en los muros de las estructuras menores (caso del hammam).
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Planta constatada del hisn almohade
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Sobre la datación exacta, junto con los paralelos tipológicos (caso del hammam almohade del Alcázar de Jerez de la Frontera) contamos con una mención singular que nos permite encuadrar perfectamente el momento de construcción de esta fase primitiva del Complejo. En la crónica del katib almohade Ibn Sahib al-Salat se menciona cómo las tropas del califa Abú Yáqub se asientan en Alcalá en 1171, durante la campaña emprendida contra los rebeldes de Carmona. Es por tanto en este momento cuando puede encuadrarse la reforma y ampliación, si no construcción, del hisn de Qalat Yabir, primeramente campamento almohade y posteriormente pieza del “cinturón defensivo” de Sevilla (Collantes 1953).
Paradójicamente, la capacidad defensiva “estática” desarrollada por el Imperio almohade en el entorno de su capital andalusí serviría de poco ante el avance castellano por el valle del Guadalquivir. Dentro de las conquistas realizadas por Fernando III, Alcalá se rinde en 1247, dando comienzo así a su historia bajomedieval. El propio monarca castellano realizaría algunas obras, testimoniadas por la Primera Crónica General, entre las que quizás quepa señalar la ampliación hacia el este del hisn original, con el añadido de dos nuevas torres, de planta cuadrangular y alzado ochavado con decoraciones de lacerías y atauriques en las bóvedas superiores.
Tras la conquista castellana del Bajo Guadalquivir y el surgimiento del Reino de Granada, Alcalá mantendría su carácter estratégico, a partir de este momento como fortaleza castellana de la “Banda Morisca”, frontera entre Granada y el Reino de Sevilla. Las incursiones granadinas y benimerines, documentadas durante las últimas décadas del s. XIII, forzarían finalmente al monarca castellano Alfonso X a establecer un poblamiento continuado en el Cerro del Castillo. Es así como, tras un amplio lapso en el que Alcalá funciona casi exclusivamente como enclave castral, se recupera el poblamiento urbano, a través de la fundación, en 1280, de la Villa de Alcalá.
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Complejo fortificado de Alcalá en su momento de mayor desarrollo
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Sobre el desarrollo de la Villa bajomedieval contamos con pocos datos documentales y arqueológicos, aunque estos últimos se han visto significativamente enriquecidos en los últimos años. La Villa de Alcalá se extendería al este de lo que las fuentes denominan el “Castillo” (esto es, el hisn almohade), ocupando toda la extensión de la meseta superior del Cerro. Su estructura urbana la tenemos recogida en un plano de comienzos del s. XIX, y ha sido refrendada puntualmente por las investigaciones arqueológicas. El caserío se compondría de amplios corrales de vecinos, en los que las estancias se articulaban en torno a patios abiertos, en una tipología ampliamente documentada en la arquitectura doméstica sevillana bajomedieval.
Nuevamente, las técnicas constructivas nos dan pistas cronológicas. Contrariamente a lo sostenido por la historiografía tradicional, la totalidad del amurallamiento de la Villa de Alcalá puede fecharse en época bajomedieval, concretamente a fines del s. XIII o comienzos del s. XIV. La técnica constructiva es muy similar a la empleada en época almohade, aunque con ciertas diferencias que permiten discriminar ambas fábricas. Los lienzos mantienen el sistema constructivo de dobles lienzos de mampostería con relleno interior, pero la mampostería se halla mejor careada además de enripiada, y el relleno es más grosero, con inclusión de mampuestos y cascotes. Todo ello nos aproxima a la técnica constructiva de otras fortalezas castellanas del momento, como algunos de los castillos de la Sierra Norte (Cumbres Mayores, Santa Olalla). A todo lo cual se unen dos elementos arqueológicos incontrovertibles, como son el adosamiento del lienzo principal de la muralla a las torres ochavadas de época fernandina y la presencia en los morteros de restos cerámicos de cronología bajomedieval.
Similares consideraciones sirven para el caso del Arrabal del San Miguel, extensión urbana de la Villa por la falda suroeste del Cerro. Aunque el caserío actual es fruto de una urbanización de la segunda mitad del s. XX, poseemos referencias documentales sobre la habitación de este ámbito desde la baja Edad Media, y conservamos asimismo importantes tramos de su amurallamiento. De la misma forma que hay que descartar un origen andalusí para la Villa, otro tanto habría que hacer respecto al Arrabal, tanto por la similitud de fábrica entre los amurallamientos de Villa y Arrabal como por la presencia de elementos singulares (arco apuntado de la Puerta de San Fernando) que indican una datación no anterior al s. XIV.
Dos momentos marcan la última etapa de desarrollo constructivo del Castillo de Alcalá. Por una parte, la construcción, probablemente durante la segunda mitad del s. XIV, de la Torre del Homenaje, en sillería escuadrada y localizada en el extremo noroeste del Castillo. Por otra parte, el conjunto de ampliaciones y reparaciones realizado durante las luchas nobiliarias del s. XV, momento en el que se cierra la antigua ampliación meridional del hisn almohade, creando así el conocido como “Patio de la Sima”, y se recrece parte del amurallamiento de la Villa con nuevas fábricas de tapial, como consecuencia de los desperfectos originados por el uso del nuevo armamento pirobalístico (lombardas y trabucos). La constatación de este hecho vuelve a desmentir una de las asunciones de la historiografía precedente, pues la cronología de estos tapiales ha sido recurrentemente identificada como almohade, en base a criterios metrológicos irrelevantes ante los criterios estratigráficos y tipológicos que nos señalan el s. XV como momento de su construcción.
Tras el apaciguamiento impuesto por los Reyes Católicos, Alcalá, al igual que otras muchas fortificaciones castellanas, entraría en una fase de estancamiento poliorcético en la que la decadencia se hacía poco menos que inevitable. La misma Villa se iría despoblando entre los ss. XVI-XVII, como consecuencia de lo dificultoso de su abastecimiento y del desarrollo de nuevos focos de poblamiento (origen de la Alcalá actual) a orillas de los caminos de Sevilla y Mairena. De esta forma el “Castillo”, perdidas sus funciones militar y urbana, llegaría al s. XX en un estado ruinoso, pese a su declaración como Monumento en 1924.
A la búsqueda de un modelo de rentabilización patrimonial.
La historia del “Castillo de Alcalá” durante el s. XX ha sido cuando menos azarosa. La ausencia de una utilidad social sería parcialmente subsanada a comienzos de la década de 1940, mediante un amplio conjunto de reformas en la zona de la Villa, tendentes a la instalación de la Feria local en una explanada resultante de sucesivas modificaciones topográficas. Es en estos momentos cuando buena parte del trazado de la muralla de la Villa, por entonces arruinado, se “repone” mediante tapias almenadas de escaso grosor y pésima factura, que otorgarían al Cerro un aspecto completamente ahistórico pero de gran impacto en el imaginario colectivo hasta la actualidad.
Paralelamente, en diversos puntos de la fortaleza se realizaron obras de saneamiento y restauración parcial a cargo de Félix Hernández, continuadas en la década de 1970 por Rafael Manzano. En ambos casos, el criterio mimético empleado así como la falta de documentación de las obras ha generado singulares problemas de identificación de elementos de la edificación medieval.
El uso ferial cesa a comienzos de la década de 1980, y con él el interés local por el “Castillo”. Durante estas décadas, la falda del antiguo Arrabal había ido repoblándose, pero de forma incontrolada y a base de un caserío desregulado y marginal, germen de la actual Barriada del Castillo, en la que se aúnan importantes problemas sociales y urbanísticos que tienen indudable impacto sobre el plano más puramente monumental. A todo ello se uniría una cierta indecisión municipal sobre las actuaciones a seguir en el Cerro, fruto de la inexperiencia pero también del hecho de la propiedad efectiva del Castillo por parte del Ayuntamiento de Sevilla, como consecuencia de cesiones realizadas en el s. XIII por la Corona castellana. Todo ello se traduciría en frustrados intentos de planificación urbanística y desafortunadas intervenciones de “restauración”, patentes en diversos recrecidos y almenados ciertamente discordantes con las fábricas primitivas.
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Planta y alzado virtual del hammam almohade del Patio de la Sima
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Por último, a finales de la década de 1990 se reorienta el enfoque municipal, en buena medida a través de la conciencia de la necesidad de una investigación integrada como paso previo a cualquier actuación de recuperación y puesta en valor. Conjuntamente se produciría la cesión de uso por parte del concejo sevillano, así como la imposición por la administración autonómica de la necesidad de una planificación de las actuaciones, a fin de salvar la desconexión y descoordinación de las actuaciones precedentes. De esta forma desde 1999 se viene actuando en el Complejo mediante diversos análisis histórico-arqueológicos continuados desde 2003 con una nueva campaña de actuaciones de rehabilitación arquitectónica. Los objetivos de este programa pueden sintetizarse en los siguientes puntos:
Evaluación histórico-arqueológica integral del Complejo.
Determinación de actuaciones de investigación y rehabilitación necesarias.
Rehabilitación arquitectónica faseada por sectores, a fin de constituir un conjunto de “itinerarios” de visita y puesta en valor.
Evidentemente, todo ello incide en la revalorización patrimonial del Complejo Fortificado de Alcalá. Pero conjuntamente se prevén diversas actuaciones que incidirán sobre el tejido social circundante, así como programas urbanísticos de mejora del entorno. Todo ello desde el convencimiento de que el monumento, por sí mismo, ni se entiende ni se disfruta si no es en una perspectiva de puesta en valor ambiental y social, algo irrenunciable tanto de cara a la sociedad local como al público visitante.
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