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Visto por
A N 2004 fyuns
Fernando Blanco
24_JUN/10_JUL_04
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J. M. Pereñíguez para Fernando Blanco
Compruebo un giro en la obra reciente de Fernando Blanco. En las pinturas y dibujos realizados hasta la fecha, Fernando se alimentaba principalmente de su propia inventiva, escindida en dos vertientes. Una, automática y fluida, y otra mucho más calculada. Por medio de un lenguaje eminentemente pictoricista, basado en el uso desenfadado del color como primera instancia, se generaba, al colisionar las dos maneras, una superficie ambigua y burlona donde la representación, la profundidad o la misma consistencia de la imagen fluctuaban. Ahora Fernando Blanco ha ampliado los márgenes de su visión interior, optando ahora por emplear imágenes de la red.
El uso que hace de Internet no es neutro. No se limita a buscar simplemente aquello que le interesa, como si la red fuese un mero archivo, sin más peculiaridad que su inmensa capacidad. Más bien explota esa clase de imágenes que jamás hubiesen existido o circulado por otro medio: chistes visuales, retoques y montajes apenas disimulados, instantáneas freak, porno a la deriva... todo el material residual y espurio que cada día circula por toneladas como una conspiración espontánea y que, de momento, constituye la aportación de Internet a la cultura visual. De un modo casi chocante, Fernando pone en relación estas imágenes con la obra de diversos artistas, de los que toma una cita, un recurso técnico o un rasgo de estilo.
Al vincular imágenes basura de Internet y fórmulas de representación artísticas lo que se produce es una nivelación entre dos registros culturales, de manera que ambos se transforman: la imagen vulgar aparece revestida de un aura que pone al descubierto hasta que punto son convencionales y mecánicas las formas de ver y hacer de los artistas. Procesando la iconografía de lo banal a través de estrategias de autoridad estética, Fernando ironiza respecto al status de las imágenes en nuestra cultura, que es precisamente esa contigüidad híbrida, fluida y confusa de lo que se ofrece al consumidor, en ningún caso al espectador o al crítico.
Esa idea de lo consumible que, al tiempo, manifiesta la condición material y ajena que han de adoptar los signos para ser digeridos, se prolonga en otro proyecto de Fernando. Se trata de la introducción de material orgánico -especias, salsa, tabaco- como medio pictórico con el que se busca, paradójicamente la obtención de imágenes reconocibles. Su pretensión es pues reivindicar la competencia de esas sustancias para la pintura, más que introducir un juego de equívoco sinestésico. Al aspirar a un rango similar al de los productos nobles de que se sirve el arte, estas sustancias revelan lo artificioso de la representación cuando ésta se entiende como une especie de trampa al transcurso del tiempo. La chocante composición material de la imagen desplaza la atención de ésta al proceso que le da origen, pero evitando las mistificaciones más corrientes: la alquimia del sabio, la facilidad del genio o el drama del héroe. Lo que queda de esos estereotipos es sólo una artesanía banal y meticulosa donde el componente anecdótico es lo que resulta, paradójicamente, noticioso, empleando la ironía más como bálsamo que como sistema .
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