El artista y su obra

Procesos. Mirar, discurrir, pintar
Guillermo Pérez Villalta
06/27_MAY_04

Al mirar, mirar continua y fundamentalmente arte, es cuando más ideas se me ocurren. De pronto aparece algo que creo tiene interés, que merece pensarse, investigarse, y que fragua en una especie de semilla o de célula que va reproduciéndose. Si esa reproducción me parece excitante porque genera en mí un laberinto de ideas me pongo a trabajar en ella. De esa primera idea sale lo que llamo el garabato, un apunte sencillo, muy breve, para que no se me olvide. Normalmente lo hago en un cuaderno pequeño que guardo porque ese apunte es un material de reflexión. Esta anotación no impide que siga trabajando mentalmente la idea.

Lo dejo reposar y si continúa dando que pensar, me pongo a trabajarlo más y el propio proceso de trabajo genera más cosas. Hago entonces nuevos apuntes que ya son mayores, más detallados, en cuadernos mayores porque así puedo comparar entre sí los distintos pasos de la evolución de la idea. Así llego al boceto definitivo en el que ya doy a las distintas cosas que he ido pensando una proporción, un sistema. Muchos de esos problemas son cuestiones geométricas. Me obsesionan porque cada cosa debe tener su lugar. Pienso en Mondrian que cogía una cinta y la movía a lo largo y ancho del cuadro hasta ajustar cada línea y cada campo. Todo tiene su lugar pero hay que encontrarlo y dárselo.

A veces trabajo con ideas que podrían llamarse flotantes, sólo para mí, porque son ideas, por el momento, difíciles de encajar. Por eso las llamo flotantes. Quiero hacer una cierta representación del espacio y utilizar lenguajes que ahora me interesan, pero que están como flotando y para que lleguen a cristalizar es preciso ir probando hasta que de repente todo empiece a encajar y yo mismo entienda mi propio lenguaje. Un lenguaje que de algún modo estoy inventando. Cuando llega ese momento todo madura y resulta más fácil, a partir de ahí puede que salgan muchos cuadros.

Otras veces el trabajo es puramente mental, un ejercicio, un esfuerzo de reflexión. Con el tiempo he logrado trabajar sólo con la mente, sin papel, ni grafito, sino como en un ordenador, virtualmente: proyecto en la imaginación cómo pueden ir los diversos elementos, muevo uno, cambio otro, sin necesidad del trabajo material. Debo reconocer que a veces cuando llegas al papel ves que aquello que mentalmente parecía tan claro es difícil de concretar. Pero lo normal es que consiga precisarlo mentalmente muchísimo. Las últimas obras están creadas casi en exclusiva en la mente. En el penúltimo cuadro que he acabado, una versión del Juicio de Paris algo especial, los bocetos se me escapaban y entonces volvía trabajarlo mentalmente; el resultado final debe más al pensamiento que al papel. Trabajando mentalmente, las cosas adquirían su lugar con más exactitud. Desconfío de la mano cuando empieza a encadenar cosas de manera muy seguida. Es en apariencia algo muy fácil, pero también muy falso. Puede llevar a una obra vacía. La imagen artística desconcierta al pensamiento pero eso normalmente ocurre cuando logras acumular pensamiento en la imagen.


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Aparejadores