|
|
|
Experiencias
Sombras y Réplicas.
Rocío Arregui y Mª Paz Pérez
|
Réplicas
Se trataba de una pieza única para situar en el suelo con una dimensión igual al techo-escultura de la sala (8,50 m x 4 m) formada por la acumulación y repetición de múltiples elementos similares (47 módulos en total de 1 m x 0,50 m x 1 m de alto).
Su título, “Réplicas”, le viene dado al ser una interpretación del techo de varillas de la sala que, utilizando el principio del espejo (original / réplica), invierte el sentido de la imagen, de manera que lo que arriba son verticales descendentes, debajo se convierte en verticales ascendientes, pero ya con otro concepto; quería introducir la idea de naturaleza en el interior, dando lugar a un prado de flores blancas (natural / artificial).
Para ello, utilicé dos materiales, que a su vez tienen mucho que ver con los empleados profesionalmente por los aparejadores, como son el hierro corrugado y el papel vegetal. Ambos expresan perfectamente la robustez de los tallos y la delicadeza de los pétalos respectivamente: un total de 1.645 varillas de corrugado y de 12.000 trozos de papel vegetal rasgado a mano.
A su vez, la altura que asigné a las varillas era de 80 cm para un tercio del total, y de 1 m para los dos tercios restantes, con lo cual la superficie superior resultante sería irregular y cadenciosa, con un ritmo desigual, como los prados auténticos.
Tras un trabajo ininterrumpido de 11 horas y media, la obra me fue revelando su propia identidad con su crecimiento paulatino, pero cuando realmente me sorprendió fue cuando al iluminarla -cosa que llevó su tiempo y estudio-, dejó ver la cantidad de matices y transparencias que aunque imaginadas, llegó a conseguir y mostrarse como un ente rítmico y sereno que te invitaba a recorrerlo y disfrutarlo, y hasta a internarte en él para a la vez que abrazarlo, dominarlo con la vista su exterior. Fue una magnífica experiencia.
Sombras
La instalación realizada en la Fundación Aparejadores es como una cámara oscura realizada para experimentar con nuestra percepción.
Al entrar en la sala, el espectador se ve envuelto en sombras: el ritmo cadencioso de un proyector que emite diapositivas con manchas de colores diferentes, ayuda a transportarnos a un espacio extraño, como si entrásemos en la caja de un televisor. La luz llega a una serie de cortinas de hilos transparentes que sujetan perfiles de figuras humanas, cuyas sombras se proyectan sobre la pared del fondo. El espectador puede introducirse entre las cortinas para que su sombra se una a las demás.
Se pretende que la obra sea descubierta y creada por el propio espectador. Así, los tamaños de los perfiles de las figuras humanas, no son iguales, sino que los más cercanos al proyector son más pequeños y los más cercanos a la pared en la que se proyectan son mayores. De esta forma, situados en un punto indicado, todas las figuras parecen de igual altura y forman un conjunto compacto que camina al unísono. Esta imagen engañosa es registrada por una cámara y emitida en un ordenador.
El punto de vista desde el que observamos la realidad siempre es parcial, nunca podremos descubrir la verdadera naturaleza de las cosas si no las analizamos desde diferentes lugares. Los medios técnicos siempre nos ofrecerán puntos únicos de percepción, por ello es importante el movimiento, el introducirnos en la obra y el juego junto a la reflexión.
|
|
|
|
|
|