LA IGLESIA MUDÉJAR DE SAN BENITO DE CAZALLA DE LA SIERRA Y SUS REFORMAS RENACENTISTAS

Cazalla de la Sierra. Iglesia de San Benito

Pese a la riqueza del patrimonio arquitectónico que atesora Cazalla de la Sierra, en la Sierra Norte de la provincia de Sevilla, y en el que destacan ejemplos tanto de carácter religioso como civil, urbano como agrícola, el estado de conservación que presenta no es todo lo bueno que cabría esperar. A ello contribuye, entre otros muchos factores, el general desconocimiento que sobre dichos edificios reina, ya que una premisa clave para la salvaguarda patrimonial es su conocimiento. Una excepción que confirma esta regla es la iglesia de San Benito, de la que hace ya más de medio siglo Hernández Díaz y Sancho Corbacho dijeron que se trataba de un "notabilísimo edificio" 1 . No obstante, nadie se había ocupado de su análisis, a pesar de lo cual recientemente ha sido por fortuna rehabilitada.2

Álvaro Recio Mir

Profesor de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla

TIPOLOGÍA Y ANÁLISIS DEL EDIFICIO MUDÉJAR

an Benito de Cazalla es un templo mudéjar que cabe englobar en el grupo que Angulo denominó "iglesias de arcos transversales de la sierra". Dicho historiador fecha los ejemplos conservados de esta tipología en el siglo XV, siendo su distribución geográfica la Sierra Norte de la provincia de Sevilla y la de Aracena en la de Huelva. El grupo de iglesias sevillanas, que es el que ahora nos interesa, parte de la ermita de las Angustias en Alanís, cuya única nave es articulada por cuatro tramos mediante tres arcos transversales, también llamados diafragma o perpiaños, a lo que se añade una cabecera semicircular. En la localidad Guadalcanal responden a esta tipología los templos de San Sebastián y Santa Ana. En la primera destaca su cabecera, cuadrada y cubierta por una bóveda estrellada de hacia 1500. Otros edificios de este grupo son la ermita de la Yedra en Constantina, la iglesia de Nuestra Señora del Espino en El Pedroso, la de Santa Ana en la Puebla de los Infantes o la de San Sebastián de San Nicolás del Puerto 3.

A pesar de que Angulo no citó San Benito de Cazalla, es evidente su relación con los templos referidos y con otros de ese grupo, como San Bartolomé de El Real de la Jara.

En cuanto a su planta y alzado, San Benito es un templo de una sola nave, articulada por cuatro arcos transversales, apuntados, de gran luz y moderada flecha, los cuales descargan en potentes contrafuertes exteriores y configuran los cinco tramos del edificio. En este sentido muestra grandes similitudes con los ejemplos serranos ya mencionados 4.

Planta de San Benito

Este tipo de templo mudéjar de arcos transversales tuvo un gran desarrollo en el Reino de Granada a partir de su reconquista y a lo largo del siglo XVI, como se pone de manifiesto en la Encarnación de Loja, que parece ser el modelo del que arranca la serie granadina, de la que son ejemplos la iglesia de San José en la propia capital nazarí y las de Santiago en Almería y Vélez-Blanco 5. No obstante, todavía se desconoce la conexión de los edificios serranos de Sevilla y Huelva y los del reino granadino.

Volviendo a Cazalla, de hay que indicar que la fábrica San Benito se levanta mediante el denominado aparejo toledano, que consiste en la sucesión de cajas de mampostería separadas por verdugadas de ladrillos, sencillas o dobles. Este sistema ya se empleó en la arquitectura romana y visigoda, pasando luego al mundo islámico y más tarde a la construcción mudéjar. En esta última destacó el progresivo aumento de potencia de las cajas de mampostería, que partiendo de unos 35-45 centímetros llegaron a los 85 en los siglos XV y XVI 6. En torno a los 70 centímetros, y aún algo más, tienen de altura las cajas de San Benito, lo que permitiría aproximar su datación avanzado el siglo XV o a inicios del XVI. Precisamente en ese momento Cazalla vivió un notable auge económico y demográfico, que se tradujo en un desarrollo urbanístico fuera de los muros del antiguo castillo almohade, en el que cabría encuadrar la construcción del edificio que estudiamos 7.

La existencia en la fábrica de San Benito de arcos conopiales y angrelados, como el del vano de acceso a la escalera de la torre, permite concretar la fecha de su construcción en el reinado de los Reyes Católicos, momento en el que se utilizaron con profusión, lo que coincide con la anterior hipótesis cronológica, deducida a partir del aparejo murario del edificio. La actividad religiosa en esos años fue muy intensa en Cazalla, fundándose la Cartuja y el convento de San Francisco y contando la parroquia con un numeroso clero 8.

Por lo que se refiere a la cubierta de San Benito es de una gran sencillez y sigue también pautas mudéjares. Construida en madera, apea sobre los arcos transversales y se dispone como una estructura a dos aguas, configurada por una doble armadura de colgadizo o a la molinera. El plano de ésta es articulado por una sucesión de sencillas jácenas, entre las que se disponen al interior toscos ladrillos por tabla, animados por una decoración de carácter romboidal 9. Al exterior la estructura la protegen sendos faldones de teja árabe.

Sección de San Benito

La sencillez planimétrica, estructural y material de San Benito, que le da cierto carácter rural, se corresponde con su original status popular de ermita. Junto a la parroquia de la Consolación y los conventos de la Cartuja, Madre de Dios, Santa Clara, San Agustín y San Francisco, Cazalla contó históricamente con ermitas como la del Carmen, a la entrada de la localidad desde Extremadura; San Benito, de la que Madoz dijo en el siglo XIX que era "de mucha extensión a la salida para Sevilla" o la de los Remedios, junto a la parroquia 10.

En este sentido es interesante la información que ofrece Tomás López en el siglo XVIII, que nos permite saber que, a pesar de ser una ermita, San Benito "algunas veces ha servido de ayuda de parroquia", lo que parece darle cierta relevancia funcional 11.

En cualquier caso la ubicación del edificio en uno de los accesos de la localidad resulta especialmente significativo, debido al histórico carácter de tránsito que Cazallla tuvo entre Andalucía y Extremadura. Por otra parte, tal emplazamiento hizo que en sus orígenes tuviese cierta vinculación ganadera 12, lo que enlaza con su referido carácter rural.

Las reformas llevadas a cabo en San Benito en el siglo XVI, y a las que seguidamente nos referiremos, impiden conocer importantes detalles del edificio original, como su cabecera, torre y la disposición de sus accesos. Por lo que se refiere a la primera, no es fácil especular sobre cómo sería, ya que las cabeceras de las iglesias serranas con las que hemos comparado la nuestra no corresponden a un sólo tipo y además también han sufrido importantes alteraciones. No obstante, la forma que parece ser más general en la zona es el de cabecera cuadrada, cubierta por una bóveda estrellada, como ocurre en San Sebastián de Guadalcanal y en San Bartolomé de El Real de la Jara.

De igual forma, los accesos al edificio fueron con posterioridad alterados, igual que su campanario, siendo en este caso también aventurado adelantar alguna hipótesis de cómo pudieron ser. Sin embargo, es posible que su acceso principal se hiciese a través de una torrefachada a los pies del edificio, dispositivo abundante en la zona, como se ve en Santa Ana de Guadalcanal, Nuestra Señora de las Nieves de Alanís y en la propia parroquia de Cazalla. Ello explicaría la existencia de un acceso, luego cegado, a los pies de San Benito.

LAS REFORMAS RENACENTISTAS

Efectivamente los tres sectores referidos -cabecera, portada y torre-, que son los más significativos del edificio, fueron transformados en el siglo XVI siguiendo pautas renacentistas. De dichos elementos es sin duda la cabecera el más llamativo, dando acceso a la misma un gran arco triunfal de medio punto, cuya propia configuración denota ya corresponder a la reforma quinientista. Sin embargo, resulta evidente, como ponen de manifiesto sus arranques y contrafuertes, que este arco es una reedificación del original mudéjar, el cual suponemos apuntado e idéntico a los otros tres que articulan el edificio.

A partir de dicho arco triunfal se desarrolla la cabecera, que está configurada por dos tramos bien diferenciados. El primero, menor que los restantes del edificio, está cubierto por una bóveda de cañón decorada con una triple sucesión de sencillos casetones animada en su clave por pares de semicircunferencias enfrentadas. El segundo tramo se corresponde con el ábside, que es de planta semiovalada y está cubierto por una gran venera de sencillez clásica. Idéntica disposición absidial fue recogida por Alonso de Vandelvira a finales del siglo XVI en su tratado y denominada "media naranja oval" 13. Esta cabecera muestra al exterior cuatro contrafuertes, de menor potencia que los de la nave del edificio.

Por lo que se refiere a la torre, se levanta a sus pies, en concreto en su ángulo sur. A la misma se sube por una estrecha escalera de caracol, inserta en una caja de plata cuadrada de ladrillo. Lo más significativo es el campanario que remata la caña de esta torre, ya que adopta una excepcional disposición prismática, en concreto de planta triangular. Este cuerpo de campanas se articula como un edículo con tres arcadas de medio punto, en cuyos ángulos se disponen formas abaluastradas, y lo remata un pequeño chapitel poligonal.

La portada, que Hernández Díaz y Sancho Corbacho calificaron como "bellísima" 14, se abre en el tramo central del muro del evangelio del edificio. Su vano era originalmente un arco de medio punto, que en fecha incierta fue rozado y convertido en dintel. No obstante, todavía se pueden ver los arranques de la arcada original. Este vano es flanqueado por semicolumnas de orden toscano y acanaladas en sus dos tercios superiores, con sus correspondientes retropilastras, que apean en sendos podios. Especialmente significativo es el entablamento de este orden arquitectónico por su carácter clásico, estando compuesto por arquitrabe, que parece que tuvo las correspondientes y canónicas tres fasciae; friso, en el que alternan estrechos triglifos y cuadradas metopas, y cornisa con dentículos en el alero y ovas en el cimacio. Las referidas metopas alternan motivos decorativos, como rosetas circulares y grifos, con otros religiosos, como la cruz sanjuanista o el I.H.S 15. Por encima de dicho entablamento sólo aparecen sendos remates en forma de peón en sus extremos.


ANÁLISIS DE LAS REFORMAS

Portada

Lo primero que cabe señalar en relación con los elementos renacentistas de San Benito de Cazalla es su perfecta adecuación, que nos atreveríamos a calificar de magistral, a la estructura del templo mudéjar. En este sentido destaca el empleo en estas novedades del ladrillo como material constructivo, a pesar del apogeo canteril que vivía entonces la localidad al amparo de la construcción de su parroquia, lo que tuvo un reflejo evidente en las varias portadas de piedra levantadas por entonces en la localidad, como la del convento de Madre de Dios, el antiguo Juzgado o la de la Casa de los Arnaud. Ello parece indicar una clara voluntad latericia en el caso de San Benito, en donde se evidencia una extraordinaria técnica en el trabajo de este material, destacando en este sentido la portada del edificio, de ladrillo en limpio, alternando hiladas rojas y blancas, entre las cuales el tendel prácticamente desaparece. Junto a este brillante recurso cromático, que se prolongaría en el campanario gracias a su parcial enlucido, cabría añadir otro, el del corte del ladrillo, que permite darle una variada disposición y forma. En este aspecto vuelve a sobresalir la portada del edificio por el cuidado corte de sus ladrillos, lo que permite configurar sus elementos arquitectónicos con sumo detalle.

Cabría pensar que los elementos referidos, cabecera, portada y campanario, fueron realizados a la vez y por un mismo maestro. No tenemos datos a este respecto, pero por su configuración estilística de carácter renacentista creemos que la reforma de San Benito fue acometida a mediados del siglo XVI. En este sentido el paralelismo del orden toscano de su portada con el del primer cuerpo de la Casa de los Arnaud en la misma Cazalla, que en otra ocasión fechamos en ese momento y relacionamos con el arquitecto Martín de Gainza 16, resulta evidente y un primer indicio para el análisis de San Benito.

Como ya apuntamos anteriormente, el inicio de la renovación de la parroquia de la Consolación, al parecer en 1538, debió suponer un revulsivo para la construcción en Cazalla, ya que llevaría al establecimiento en la localidad de una cuadrilla de canteros 17. Tal desarrollo arquitectónico estaría relacionado con el esplendor económico y demográfico de la localidad, que al socaire de su gran producción vitivinícola, en gran medida exportada a América, alcanzó momentos de auténtica opulencia, especialmente en el tercer cuarto del siglo. Con ello hay que relacionar la proliferación de lagares en torno a la localidad, como Castañarejo, El Inquisidor, Tres Vigas o El molino del Marqués, cuyos edificios, en los que juega un papel importante el ladrillo, cabe datar en ese momento 18. En tal marco cronológico y material cabría encuadrar la renovación de San Benito.

En cuanto a su autoría, pensamos que debió tratarse de un maestro de gran habilidad técnica -ya referimos la perfecta adecuación de su labor a la estructura mudéjar-, y de cierta formación intelectual, ya que le suponemos conocedor del Tercer y Cuarto libro de arquitectura de Serlio, cuya traducción castellana del orignal italiano apareció en Toledo en 1552, alcanzando de inmediato una gran difusión en el arte sevillano 19. En este sentido la portada de San Benito parece citar elementos serlianos, sobre todo por lo que se refiere al orden dórico, como se ve en sus triglifos y metopas, tomadas del folio XX vto. del Cuarto libro. De la igual forma la gran venera que corona la cabecera de San Benito remite, además de al tratado de Vandelvira ya citado, a la que Martín de Gainza dispuso en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla y que fue cerrada en 1555 20.

Por ello cabría vincular las reformas de San Benito a Gainza, maestro mayor de la Catedral de Sevilla entre 1535 y 1556 y que al parecer en los años cuarenta intervino en la parroquia de Constantina, muy próxima a Cazalla 21. Incluso se relaciona con Gainza, del que se ha hecho una reciente revalorización historiográfica 22, la propia parroquia de Cazalla 23, por lo que sería posible que diese trazas para San Benito. En este sentido su cabecera y campanario responden a su estilo, la primera por su venera y el segundo por el empleo de formas abalaustradas, a las que tanto apego mostró siempre Gainza.

No obstante, su portada parece algo más evolucionada y clásica que las empresas documentadas de este maestro. Incluso, la referencia que hace Vandelvira a finales del siglo XVI a un ábside idéntico al de San Benito, apuntaría a fechar estas reformas avanzado el XVI y a cuestionar la responsabilidad en ellas de Gainza. Su participación directa en las mismas es poco factible por ser eminentemente un cantero, mientras que las labores de San Benito las realizó un maestro que dominaba la construcción en ladrillo, y también por el sistema de trabajo de los maestros mayores del Arzobispado, que realizaban rápidas visitas a las localidades que demandaban su presencia, generalmente en relación con la construcción de parroquias. En los pocos días que permanecían en dichos lugares apenas tenían tiempo de emitir un rápido dictamen sobre los problemas que se les planteaban, realizar trazas y organizar el plan de trabajo para ejecutarlas, habitualmente por operarios locales.

Por todo ello, cabría asociar las obras renacentistas de San Benito a Miguel de Gainza, hijo de Martín, al que sirvió como aparejador en la Catedral de Sevilla desde 1543, igual que a Hernán Ruiz "el Joven", hasta su muerte en 1565. Martín dirigió las obras de la parroquia de Cazalla 24, por lo que su relación con San Benito es también factible.

La intervención de Miguel de Gainza podría explicar, además de la disposición de la cabecera y el campanario, el referido clasicismo de la portada, muy relacionada con las trazadas en los años cincuenta y sesenta por Hernán Ruiz, con el que también cabría asociarla. En este sentido se puede comparar el ejemplo de Cazalla con muchas de las portadas de Ruiz, como la meridional de San Andrés de Encinasola, Huelva, fechada en 1551; la septentrional de San Bartolomé de El Real de la Jara, Sevilla, de los años sesenta, igual que las de Nuestra Señora de la Esperanza de Corterrangel, Huelva; las de Nuestra Señora de Gracia de El Cerro del Andévalo, Huelva; la septentrional de la iglesia de la Asunción de Aroche, Huelva; o las de San Andrés de Encinasola, Huelva, entre otras construidas o reflejadas en su libro de arquitectura 25.

Desde luego la portada de San Benito se encuentra en lo que Alfonso Jiménez, actual maestro mayor de la Catedral de Sevilla, ha denominado "los márgenes de Hernán Ruiz" 26. Además Ruiz fue un consumado maestro tanto de la cantería como del ladrillo, como puso de manifiesto en algunos de los anteriores ejemplos. Otro detalle que vincula la obra de Cazalla con este arquitecto es su uso sistemático del vano adintelado en las portadas de los edificios civiles y el arco de medio punto en las de los religiosos, lo que se cumple en San Benito, del que ya referimos que su primitiva puerta era una arcada. Aunque el remate de esta portada lamentablemente se ha perdido, es probable que fuese un frontón triangular o un arco de triple inflexión, soluciones ambas desarrolladas por Hernán Ruiz. Otro aspecto propio de este arquitecto y que se da en la portada de Cazalla es su afán colorista, mediante la alternacia de ladrillos blancos y rojos.

Sin embargo, no está documentada su presencia en la localidad como maestro mayor del Arzobispado de Sevilla, cargo que le llevó a las poblaciones cuyas portadas acabamos de citar y a otras muchas. Ello no impide relacionar esta portada con su quehacer, que dejó una enorme huella en el reino hispalense, aunque su participación directa en la misma no lo creemos probable por las mismas razones que adujimos al referirnos a Gainza.

Campanario

Por todo lo anterior creemos que la hipótesis más factible, según nuestros conocimientos actuales, es que de las reformas de San Benito se encargaría un importante maestro anónimo que seguiría la estela de Martín de Gainza en la cabecera y la torre de Hernán Ruiz en la portada, que incluso pudo emplear trazas de alguno de ellos y que quizás fuese el hijo del primero, Miguel de Gainza. La fecha de estos elementos, cabría fijarla en el tercer cuarto del siglo XVI. En este sentido, encima de la portada se encontraba una inscripción, sólo parcialmente legible, en la que se indica que "En el año del señor de 1576 se acabó esta obra...". No obstante, no creemos que haga referencia a San Benito, ya que parece sobrepuesta tardíamente sobre la misma, quizás procedente de otro lugar.

Por último, hay que aludir a la causa y el significado de estas reformas. En cuanto a la primera ya referimos la favorable situación económica de Cazalla en ese momento, lo que permitiría pagar estas obras. No obstante, el hecho de que el arco triunfal de la cabecera fuese rehecho sobre el orignal parece apuntar un posible derrumbamiento de la cabecera 27.

Sea como fuere, y por lo que hace a su significación, lo cierto es que las reformas de San Benito vinieron a modificar en gran medida el aspecto mudéjar del edificio, sobre cuya estructura original se desarrolló un evidente aggiornamento renacentista, modalidad estilística que triunfaba entonces en la localidad, con el que se quiso actualizar su aspecto 28.

Esta puesta al día se concentró en los puntos más significativos del edificio, pero seguramente se extendió a la totalidad del mismo. De esta forma es posible que los elementos nuevos y antiguos fuesen unificados gracias a los efectos cromáticos que solían animar los paramentos de las iglesias mediante esgrafiados y pinturas de vivos colores 29.

En cualquier caso, los elementos renacentistas de San Benito son ejemplos evidentes de la proyección de las novedades arquitectónicas que se realizaban en Sevilla sobre el territorio del amplio Arzobispado hispalense, en gran medida llevada a cabo por los maestros mayores de la Catedral, que solía desempeñar simultáneamente la maestría mayor arzobispal. Esta penetración e interpretación de las formas capitalinas en las comarcas del Arzobispado, asunto sólo parcialmente conocido hasta el momento, que creemos esencial para la comprensión cabal de la arquitectura del renacimiento tanto en Sevilla como en su amplia zona de influencia 30. A ello ayuda en cierta medida el ejemplo de Cazalla que acabamos de analizar, lo que no hace más que manifestar su importancia.


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