La restauración de los puentes de la Plaza de España

Aunque la concepción de la Plaza de España no se produciría hasta fechas posteriores, podemos considerar que el primer proyecto en el que aparecen ya los terrenos donde se ubicaría, años después, la mencionada Plaza, corresponde al presentado por Aníbal González, en el año 1911, con ocasión del concurso de ideas celebrado sobre la Exposición Hispanoamericana. Este primer proyecto, que tan sólo sería un avance de lo que posteriormente llegaría a ser la Exposición, ya contenía el emplazamiento para el gran edificio del Stadium, donde luego y tras varios cambios de proyecto se situaría definitivamente el actual emplazamiento de la Plaza de España.

Francisco de Asís Rodríguez Gómez

Arquitecto Técnico

Reseña histórica

l primer proyecto donde realmente aparece la Plaza de España perfectamente identificada, fue aprobado por el Comité el 14 de julio de 1914. En él se localizaba, ocupando el vacío que dejara el Stadium, un espacio semicircular abierto al Parque de María Luisa, en el que se situaban los Pabellones de Industria y Agricultura y el Palacio de Actos y Fiestas, así como una edificación secundaria de pórticos libres. Según se indicaba en la memoria original, el eje principal del conjunto lo constituía el menor de los ejes de una semielipse donde se circunscribían la totalidad de las edificaciones, coincidiendo dicho eje con la prolongación de la avenida transversal al Parque que unía el Prado de San Sebastián con el Paseo de las Delicias.

Primer proyecto de la Plaza de España. 1914

Se ordenaba la Plaza de España como un espacio único central, en el que se situaban tres zonas de uso diverso. El centro de la plaza podría ser utilizado para celebrar fiestas, juegos y carreras, reemplazando así las funciones del stadium que había sido desplazado de lugar; este espacio central, que constituía la parte principal del recinto, tenía unas dimensiones de 175x100 m. En torno a él, con una anchura de 15 m y una longitud de 525 m, se desarrollaba la ría, interrumpida tan sólo en la conexión con la avenida del Parque. Esta ría se unía al espacio central con unos jardines de 5 m. de anchura y, mediante una balaustrada, con el paseo superior.

Éste último, denominado durante la ejecución de las obras, Gran Peatón, y con una anchura de 35m, se situaba a un metro por encima de la cota del espacio central, permitiendo el acceso a los pabellones y edificios que rodeaban la Plaza. La unión de dicho paseo con la zona central se haría mediante ocho puentes, uno ante cada edificio, excepto ante el palacio de Actos y Fiestas, que dispondría de dos, y dos que unirían el espacio central con el Parque de forma perpendicular al eje mayor de la semielipse.

El último nivel lo formaban las terrazas altas de los edificios de pórticos que se situaban entre los edificios principales.

Deberían pasar aún varios años para que, con las obras ya comenzadas, el Comité decidiese modificar el destino del conjunto de los edificios para utilizarlo como Universidad Obrera. Ese hecho daría lugar a un nuevo y definitivo proyecto que, realizado en 1918, permitiría, no sólo incluir los nuevos usos, sino también enlazar las edificaciones inconexas y configurar su apariencia final.

Este nuevo proyecto mantendría la idea, requerida por el Comité, de utilizar el gran espacio central a modo de Stadium para la celebración de actos y espectáculos al aire libre. Así el espacio central, con una superficie de 14.668 m2, según Trillo de Leyva, permanecía sin alteraciones sustanciales respecto al diseño anterior. La ría experimentaba pocos cambios, tan sólo la reducción del número de puentes a cuatro. Sin embargo en el paseo se presentaron alteraciones más sustanciales, ya que pasó de 35 metros de anchura, según lo previsto en el proyecto anterior, a 20 metros en el nuevo. A la vez se modificaba la cota de éste al proyectarse ahora con un desnivel que iba desde un metro a uno sesenta y se incluían unos bancos en forma de U que representarían a las provincias.

Pero el conjunto de las edificaciones sería el que presentaría las transformaciones más sustanciales. Ahora, la edificación, que se hacía continua, envolviendo la parte curva de la Plaza, se situaba a un nivel elevado sobre el Paseo, presentando a todo lo largo un pórtico en arcada, de seis metros de anchura. En el centro de la zona curva y coincidiendo con el eje menor de la semielipse se situaba el edificio principal destinado a Escuela de Artes y Oficios, al que se le añadía una gran terraza volada que terminaba al borde de la ría y en cuyo frente se proyectó una gran fuente que no llegó a realizarse. En los extremos de la Plaza se ubicarían dos edificios, destinados a Museo Artístico e Industrial que junto a las dos torres cerrarían la parte curva. La comunicación entre los espacios interiores de la Plaza y los exteriores del Prado de San Sebastián se realizaba por medio de dos edificios, las denominadas Puerta de Aragón y Navarra, que permitirían no sólo articular esta conexión sino dar al conjunto un mayor sentido de esbeltez y proporcionalidad, al interrumpir la excesiva longitud de las Naves o Talleres. De este modo se ordenaba un conjunto de edificios inconexos, resultando una edificación continua, elegante y armoniosa, frente al proyecto anterior de bastante menor calidad.

Proyecto definitivo de la Plaza de España

Factura emitida por la fábrica de Ramos Rejano. Año 1919

El 22 de agosto de 1914 el diario El Liberal lanzaba la primera noticia sobre el comienzo de las obras, describiendo la Plaza, la ría y los puentes e indicando que se acababan de comenzar los trabajos de excavación para la ejecución de la ría.

Posteriormente, con las obras ya comenzadas y con una gran parte de la ría ya ejecutada se planteaba la eliminación de cuatro de los ocho puentes proyectados. Pero la modificación contenida en el nuevo proyecto de 1918 no alteraba sustancialmente ni el sentido de la ría ni la comunicación entre el "gran peatón" y el centro de la plaza, es más, podríamos afirmar que mejoraba sensiblemente el conjunto.

A pesar de estos cambios, las obras de la ría junto a la de los puentes y la balaustrada, que serían los primeros trabajos ejecutados, continuaron a un ritmo normal, lo que permitiría que el contratista Elígio Salvador García facturase, el 17 de diciembre de 1919, la liquidación completa del vaso de la ría por un importe de 108.792,67 pesetas y la construcción de los cuatro puentes de Aragón, Castilla, León y Navarra, por un importe total de 48.000 pesetas, sin incluir la balaustrada de cerámica.

La balaustrada, suministrada por Manuel García Montalván, sería colocada posteriormente por el propio Elígio Salvador García y José Hernández, finalizándose estos trabajos el 30 de marzo de 1920.

No obstante, si bien los balaustres, los basamentos y las encimeras fueron obra de García Montalván, no lo fueron así los azulejos que se utilizaron para revestir los pilarotes que, situados en el interior de los puentes, servirían de anclaje y sostén a los diferentes tramos de balaustrada de los mencionados puentes. Estos azulejos, hoy tremendamente deteriorados por el tiempo, el vandalismo y la incuria municipal, fueron obra de la prodigiosa mano del ceramista Manuel Soto Fernández. Sus característicos tonos amarillos y la variedad de su decoración les confieren una extraordinaria belleza que unida a su irrepetible autoría hacen de ellos unas verdaderas obras de arte a punto de desaparecer para siempre.

Las continuas roturas que se produjeron hasta la terminación de las obras hizo necesario la sustitución de numerosas piezas, tanto en las balaustradas de la ría como en las de los propios puentes. De igual modo, en el mes de mayo de 1927, el vaso de la ría sería objeto de una nueva intervención para su revestimiento e impermeabilización.

El reparto efectuado al finalizar la Guerra Civil, entre el Gobierno Central y el Municipal deja al primero como propietario y usufructuario de todas las edificaciones del conjunto incluyendo los bancos de provincias adosados a la edificación y reserva para el segundo la propiedad de los restantes elementos que conforman el exterior, como gran paseo, fuente central, ría, puentes y toda la balaustrada externa a los edificios.

Posteriormente, ya en 1946, con el fin de dar una solución definitiva a las continuas sustituciones de balaustres y farolas se decide la supresión de todas las farolas de cerámica vidriada y la sustitución de la balaustrada interior de la ría por otra similar de piedra natural. Evidentemente la solución no resolvería el problema y las restantes balaustradas siguieron deteriorándose y realizándose sustituciones de manera continuada hasta la fecha actual.

Descripción

Composición arquitectónica:

Elevado estado de deterioro de balaustradas y pilarotes.
Puente de navarra

Las plantas de los cuatro puentes son prácticamente rectangulares e iguales dos a dos, siendo las dos centrales de Castilla y León donde se observa una mayor diferencia debido al ligero esviaje creado por la intersección del eje de la ría con el Edificio Central.

En el alzado todos presentan, por el intradós, la configuración de un arco elíptico que partiendo del centro de la plaza desembarca en el paseo superior. En los arranques de los arcos, los estribos se amplían y avanzan hacia los exteriores, suavizando la pendiente y obteniendo un mayor desarrollo y una configuración más airosa. Veintiún peldaños más dos pequeños descansillos y un gran plano central ligeramente curvo permiten salvar el espacio entre el centro de la plaza y el "gran peatón"

Aunque en lo sustancial los cuatro puentes son iguales, la diferencia más notable se manifiesta en el número de farolas de cada uno de ellos.

Los de Aragón y Navarra presentan, cada uno, cuatro espléndidas farolas de fundición sustentadas por pilarotes de ladrillo visto con apilastrados de cerámica vidriada.

En los de Castilla y León tan sólo aparecen tres farolas, ya que una de las balaustradas de cada puente se ancla en los paramentos del edificio central, haciendo innecesario el pilarote de soporte que recibe la farola.

Además de estos soportes, en cada una de las balaustradas de los cuatro puentes se localizan dos pilarotes de menor tamaño revestidos por la cerámica vidriada que firmara Soto y sobre los que se sitúan espléndidos remates ya casi desaparecidos.

Estos elementos que sirven de anclaje a las respectivas balaustradas, permiten, a la vez, dividir los largos tramos de éstas y configurar unos espacios más proporcionados y armoniosos.

De este modo, por medio de estos soportes todas las balaustradas quedan divididas en tres tramos sobre la ría y un cuarto tramo situado sobre la zona central de la plaza que se ancla en pequeñas columnas de ladrillo aplantillado, coronadas por remates de cerámica vidriada.

Proyecto original de los puentes, posteriormente modificado
Perspectiva aéreadel puente
de león


Dimensiones.

Al igual que ocurría con el esviaje de las plantas o el número de las farolas, las dimensiones presentan ciertas diferencias, que ordenadas de dos en dos son las siguientes. En los puentes de Castilla y León la distancia, tomada horizontalmente, des-de la cara exterior del edificio central hasta cara interior del último pilarote de arranque, es de 17.92 m. Esta longitud coincide con la de las balaustradas laterales del puente.

La anchura medida entre las caras interiores de las balaustradas es de 8.15 m.

La altura del arco elíptico, medido desde la cota de solería de la Plaza hasta la clave en el intradós es de 2.50 m , y la luz de dicho arco, medida en la base de arranque es de 11.88 m.

En los puentes de Aragón y Navarra estas últimas medidas, es decir la altura y la luz del arco, medidas por el intradós son 2,38 y 12.45 m, respectivamente. El resto de medidas son similares a las de los puentes de Castilla y León.

Sistema constructivo.

Falta de vidriado y pérdida de decoración en paños laterales en el puente de León

Todo los puentes están realizados con roscas superpuestas de ladrillo macizo que partiendo de siete en la clave del arco se amplían en los estribos hasta alcanzar la cimentación de éstos. De igual modo toda la cimentación se realiza con idéntico ladrillo, formando zapatas escalonadas similares a las utilizadas en el resto de las edificaciones.

El revestimiento de los puentes se realiza con ladrillo prensado. En el intradós, de 14 x 28 cm y en el trasdós se mezcla este ladrillo con olambrillas para formar dibujos.

Debajo de las losas del trasdós y tan solo recubiertas por el mortero de agarre de la solería, se localizan unas pletinas de acero de 60x5 mm, separadas 50 cm y colocadas a modo de tirantes a lo largo de toda la longitud del puente, sobre la última rosca de ladrillo y cumpliendo, posiblemente, funciones de tipo estructural. Son los únicos elementos metálicos, junto con las farolas de fundición y las armaduras interiores de los balaustres, que aparecen en los puentes.

Los peldaños se resuelven con ladrillo aplantillados de bocel curvo y cinco centímetros de espesor, colocados a sardinel.

Todas las balaustradas están realizadas con piezas verticales huecas de cerámica vidriada, denominados ba-laustres, armados interiormente con un redondo de acero de 14 mm. de diámetro y rellenas con mortero de cal.

Estos balaustres se anclan en un basamento corrido, realizado con ladrillo macizo y revestido por piezas de cerámica vidriada, en forma de U invertida. De igual modo, los pasamanos de las balaustradas están realizados con piezas huecas de cerámica vidriada, macizadas con mortero de cal.

La decoración de los azulejos que revisten los pilarotes de los puentes está basada en temas de "candelieri", aves fantásticas, putti, querubines y abundantes motivos vegetales. Los fondos de estos paneles, que son de color amarillo, resaltan con los tonos azules y verdes utilizados para la realización de los dibujos. Situados en algunos de los paramentos de los pilares, en todos los puentes aparece la representación del respectivo escudo de cada reino y también cartelas con el nombre del propio puente. Así localizamos barras en Aragón, castillos en Castilla, leones en León y cadenas en Navarra.

Los dos paños laterales de cada puente, que igualmente presentan un altísimo deterioro, contienen una similar decoración, formada por putti, aves fantásticas, roleos, rosetas y abundantes motivos florales. También aquí se localizan tarjas con los nombres respectivos de cada puente.

Estado actual

Escalinata y barandilla del puente de Aragón. Estado actual

Pocos edificios de nuestro patrimonio más reciente presenten un estado de deterioro tan elevado como el que podemos apreciar actualmente, en los cuatro puentes de la Plaza de España.

Los balaustres de cerámica vidriada que conforman las balaustradas, de los que no queda ningún original, pues han sido sustituidos a lo largo del tiempo por sucesivas reposiciones, presentan el deterioro más notable. Las dilataciones, las oxidaciones de las armaduras, la mala colocación de las sustituciones y el vandalismo han permitido que un gran número de ellos hayan desaparecido o estén a punto de hacerlo. Así mismo, las encimeras que enlazan superiormente los balaustres actuando como pasamanos han sido destruídas y en algunos casos reparadas burdamente con mortero de cemento y pintura.

De igual modo los revestimientos de cerámica vidriada que conforman los paneles laterales de todos los puentes presentan también un alto grado de deterioro, más acentuado, lógicamente, en las zonas bajas que soportan un mayor contacto con el agua de la ría.

Pero si el deterioro de los revestimientos es extremadamente acusado, también estructuralmente se aprecian, especialmente en el puente de Aragón, daños importantes por la rotura del arco que conforma uno de los estribos del puente.

Esta patología de tipo estructural, causada por un asiento diferencial, probablemente por filtraciones de la ría, determinó, en el mes de octubre de 2000, la clausura de este puente y su cierre al tráfico peatonal.

Con relación a los restantes puentes, las medidas adoptadas tan sólo han estado encaminadas a evitar las posibles caidas de alguno de los numerosos visitantes que cada día cruzan los puentes, colocando mallas metálicas debido a la falta de los ba-laustres.

Los pilarotes de ladrillo revestidos con la cerámica vidriada de Soto y los remates que los coronaban han sufrido, igualmente, una vándálica destrucción. Así mismo, varias de las pequeñas columnas de ladrillo aplantillado que, situadas en el interior de la plaza, dan acceso a los puentes y sirven de apoyo a espléndidos remates de cerámica vidriada, han sido también destruidas.

Como resumen podemos establecer que los daños que presentan los puentes son los siguientes: grietas y fisuras, descohesión del mortero de agarre, fractura de piezas, pérdida del vidriado y de la pasta cerámica, pérdida de adhesión del vidriado a la pasta, pérdida de piezas completas, proliferación de micro-organismos y plantas, rotura por oxidación de elementos metálicos, carbonatación en superficie, intervenciones de-fectuosas, desgaste y erosión de la superficie, y destrozos por vandalismo.

De igual modo, las causas de este deterioro pueden resumirse en: humedades por capilaridad y filtración, movimientos estructurales, agentes climatológicos, usos y actos vandálicos.

Actuaciones previstas

Fotografía cedida por Escuela Taller Plaza de España
Detalles de la nueva balaustrada y estructura interna de acero inoxidable

En el año 1997, ante la situación de extremo deterioro de la cerámica de la Plaza de España, a iniciativa de la alcaldesa de Sevilla, Soledad Becerril y de la Delegación del Gobierno se firmó un acuerdo de colaboración con el INEM y Red Eléctrica Española para la creación de una Escuela Taller, que en delante de denominaría "Escuela Taller Plaza de España", con el propósito exclusivo de proceder a la fabricación de todas las piezas de cerámica vidriada necesarias para restauración de dicha plaza.

Paralelamente a la creación de la escuela taller se estimó conveniente la formación de una comisión de expertos, denominada Comi-sión Técnica, en la que participaban varios ceramistas, un pintor, dos arquitectos de los que uno sería el arquitectomantenedor del conjunto histórico, un representante de la Comisión de Patrimonio de la Junta de Andalucía, un historiador, dos restauradores y un aparejador. Se trataba con ello de controlar las intervenciones restauradoras y de algún modo preservar las posibles actuaciones irregulares que pudiesen atentar contra elementos del conjunto monumental.

Las primeras actuaciones de la Comisión Técnica estuvieron dirigidas hacia la toma de decisiones sobre las prioridades de intervención. Esto provocaría largos debates y una primera decisión: la escuela taller debería comenzar por la fabricación de balaustres para los puentes hasta que se hubiese decidido el orden de intervención sobre los bancos de provincias.

Esta decisión no presentaba ninguna dificultad, ya que los balaustres deberían ser sustituidos en su totalidad y en ningún caso restaurados. A la vez se tomó el acuerdo de fabricar los nuevos balaustres según el modelo original de la Exposición Iberoamericana de 1929, más estilizado que los actuales y de los que tan sólo quedaban, para copiar como modelo, algunas piezas sueltas junto al embarcadero de la torre Sur.

La decisión sobre los bancos de provincia, que se presentaba más polémica y menos clara fue aplazada para una fecha posterior.

Pero como los daños estructurales eran de importancia se consideró que era imprescindible reforzar la estructura de los puentes antes de proceder a la reposición de toda la cerámica.

Para ello, los servicios técnicos del Ayuntamiento de Sevilla se encargarían de redactar el proyecto que desarrollaría los trabajos de refuerzo y consolidación de dichos puentes.

Aunque durante el mes de diciembre de 1999 ya se trabajó en la redacción del mencionado proyecto, éste no vería la luz hasta el mes de junio de 2000.

Básicamente el contenido del proyecto preveía el desmontaje, casi completo, de los cuatro puentes, previo apeo de todos ellos. Las balaustradas de cerámica vidriada al no poder ser reutilizadas serían demolidas, mientras que los paños laterales, de cerámica, deberían ser desmontados para su restauración e improbable recolocación posterior. La cerámica no vidriada de solerías y peldaños sería desmontada y reutilizada en todo lo posible.

Posteriormente se desmontarían varias roscas de ladrillo de los estribos y de la clave de los puentes para sustituirse por una losa de hormigón armado, con todo el ancho del puente, que descansaría en sendas vigas, también de hormigón, realizadas en los extremos de las losas, y apoyadas en una línea de ocho micropilotes, por cada lado, que sustituirían a las actuales cimentaciones, garantizando la estabilidad estructural y evitando la posibilidad de nuevos asientos diferenciales.


Fases de los trabajos a realizar

Detalles de la nueva balaustrada y estructura interna de acero inoxidable

A pesar de que tan sólo uno de los puentes, el de Aragón, presentaba evidencia de daños estructurales, se decidió que el proyecto debería contener idénticas soluciones para los cuatro, dado que el riesgo de asientos en las restantes cimentaciones era un hecho probable que debería quedar resuelto de una vez para siempre.

Así pues tomando como base el proyecto redactado para los cuatro puentes, el proceso a seguir sería el siguiente: primero se procedería al desmontaje de los paños de alicatado de los laterales de los puentes, así como de todos los elementos de cerámica vidriada.

A continuación y dado que los trabajos de pilotaje deberían realizarse sin interrupciones por pura economía, y que los micropilotes irían situados fuera de la ría, es decir, en el gran paseo y en la zona central, se procedería a ejecutar todo el pilotaje como primera tarea. Para realizar esto tan sólo sería necesario acotar las zonas de trabajo que posteriormente quedarían liberadas al quedar las cabezas de los micropilotes por debajo de la cota de solería, ya que sobre éstos habría posteriormente que ejecutar las grandes vigas de hormigón que a su vez recibirían las losas armadas.

Seguidamente y tras el oportuno apeo de cada puente y el desecado de la ría, se procedería a desmontar los peldaños, el solado y las roscas de ladrillo macizo necesarias para la ejecución posterior de la losa de hormigón armado. Paralelamente se estaría trabajando en las demoliciones y excavaciones necesarias para conformar los espacios, en los extremos de cada puente, donde habrían de confeccionarse posteriormente las grandes vigas de hormigón armado.

Como la losa prevista tendría un espesor casi uniforme e iría situada en la parte superior de los arcos, amplias zonas del intradós de los estribos quedarían poco adheridas a la losa, con peligro de fisuración y desprendimiento. Para evitarlo se proyectaron diversos conectores metálicos que servirían para anclar las zonas de ladrillo macizo que permanecían sin demoler a las losas de hormigón armado.

De ese modo, una vez colocados los conectores y las armaduras en las losas y en las vigas extremas se procedería al hormigonado de éstas.

Con el fin de permitir el anclaje posterior de la balaustrada en la losa de hormigón armado se dejarían las oportunas esperas metálicas para tal función.

Finalizados los trabajos de hormigonado se procedería a rehacer las pilarotes de fábrica, revistiéndolos con los azulejos ya restaurados. Peldaños y solería serían las tareas siguientes, así como la colocación de las piezas de cerámica vidriada que habrían de servir de base para el anclaje de la balaustrada.

La ejecución de los nuevos balaustres se realizaría utilizando una armadura interior de acero inoxidable que se anclaría al elemento de la base por medio de una fijación articulada que permitiese retirar los balaustres, para su posible sustitución por deterioro, sin gran dificultad y sin dañar al resto de las piezas. Una pletina, también de acero inoxidable, ataría superiormente todas las barras-armaduras de los balaustres, aportando rigidez y estabilidad. Como terminación se procedería a colocar las piezas de cerámica vidriada que actuarán como pasamano de la balaustrada.

Finalmente, una vez transcurridos los plazos necesarios se retirarían las cimbras de los puentes, se repondrían las solerías del intradós y volverían a colocarse los azulejos en los paneles de los paños laterales.

La reposición de las farolas metálicas a su posición primitiva y la colocación de los remates de cerámica vidriada darían por concluido todo el proceso.

Estimación económica

Aunque la estimación se ha hecho para una unidad de puente, el análisis económico se ha realizado tomando como base la ejecución conjunta de los cuatro, fundamentalmente por el considerable ahorro que supondría en los trabajos de pilotaje y en los gastos generales.

Partiendo de un estado de mediciones y de los correspondientes precios unitarios descompuestos se ha confeccionado el oportuno presupuesto que a continuación se detalla globalmente en el cuadro 1.

CUADRO 1

6.1 Andamiajes y apeos

1.200.000 ptas

6.2 Desmontaje de balaustrada, peldaños y solerías, incluso demoliciones de fábrica

1.950.000 ptas

6.3 Desmontaje de frentes vidriados y de escudos

1.380.000 ptas

6.4. Varios (contenedores, desmontaje de instalación eléctrica y farolas, etc )

50.000 ptas

6.5 Demoliciones, excavaciones y retirada de tierras

850.000 ptas

6.6 Pilotaje (micropilotes)

7.500.000 ptas

6.7 Hormigón de vigas y losa

1.250.000 ptas

6.8 Acero para vigas y losa

550.000 ptas

6.9 Encofrados de vigas y losa.

350.000 ptas

6.10 Anclajes y conectores

1.300.000 ptas

6.11 Estructura de acero inoxidable para balaustrada

1.400.000 ptas

6.12 Balaustrada de cerámica vidriada

2.500.000 ptas

6.13 Restauración de piezas de bajo deterioro

950.000 ptas

6.14 Restauración de piezas con deterioro medio

1.600.000 ptas

6.15 Sustitución de piezas cerámicas vidriadas

2.450.000 ptas

6.16 Sustitución de piezas cerámicas sin vidriar

3.550.000 ptas

6.17 Inyecciones y aislamientos

1.500.000 ptas

6.18 Seguridad y Salud

1.200.000 ptas

Suma

32.030.000 ptas
G.G y B.I
6.406.000 ptas

Suma

38.436.000 ptas

I.V.A

6.149.760 ptas

TOTAL

44.485.760 ptas

(*) Los datos económicos que aquí aparecen corresponden al presupuesto realizado en el mes de diciembre del año 2000

Nº 63 /