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LA CALIDAD DE LAS OBRAS COMO OBJETIVO ESTRATÉGICO DE LAS EMPRESAS CONSTRUCTORAS

Antonio M. Muñoz González
Arquitecto Técnico y Doctor en Derecho

Etimológicamente, en sentido lato, la calidad es la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa o actividad, que permite apreciarla como igual, mejor o peor que las restantes de su género o especie.

56_p11_i1.jpg (116087 bytes)BREVE BOSQUEJO HISTÓRICO

El normal y permanente desarrollo evolutivo de todo proceso industrial o artesanal aparece jalonado por una pequeña serie de etapas, quizás distantes en el tiempo, que van desde la situación primaria y pseudodesarrollada donde "todo vale", hasta la que viene enmarcada por la propia exigencia social de su tiempo y por los aspectos normativos de obligado cumplimiento que conduce, inexorablemente, a la constatación documental del bien resultante, en relación con parámetros preestablecidos por la propia Norma que, desde luego, aboca a una generalizada aceptación o rechazo del producto de que se trate, mereciendo el calificativo de apto o no apto para el fin a que se destina.

En la empresa constructora, los grandes hitos definidores de la evolución van desde la construcción egipcia, donde el barro era el material por excelencia, hasta la moderna y en la actualidad llamada construcción con gestión de calidad.

Los albañiles, alarifes si se prefiere, han trabajado bajo el tórrido sol, sin prisas, sin pausas, raspando, lanzando y luego alisando con sus paletas los sobrantes de la argamasa que unía los grandes bloques de piedra, en forma de sillares o sillarejos. Medían, comprobaban, exigían, perfeccionaban y se formaban en el duro quehacer con escasez de medios materiales. Ya se atisbaba en la Edad Media una incipiente corriente preclara de preocupación por lo bello, por lo estéticamente armónico y agradable, donde las formas representaban, sin duda, el aspecto más trabajado de la gran obra que era culminada con indiscutible elegancia en la mayoría de las ocasiones.

La industrialización paulatina, la mecanización posterior, y la investigación moderna, vinieron a modificar el status quo dominante en la época, aportando nuevas exigencias, otras formas arquitectónicas, el desarrollo de los conocimientos sobre mecánica del suelo o el comportamiento reológico de los materiales, conformando un nuevo estadio, donde ya se redactan normas que se elevan a la categoría de recomendables para pasar, sin solución de continuidad, a ser de obligado cumplimiento, con amplia proliferación de todo un proceso normativo exigible que impone un control apriorístico del diseño, unas condiciones mínimas de características fisicomecánicas que necesariamente han de ser consideradas, y un producto convenientemente terminado que habrá de ser sometido al inapelable juicio de la sociedad a quien va destinado.

¿QUÉ ES LA CALIDAD?

Decíamos al principio que calidad es la propiedad o conjunto de propiedades inherentes a una cosa o actividad que la diferencia de las restantes. Es, en definitiva, un método, una sistemática, una filosofía que persigue como fin último e irrenunciable asegurar la satisfacción de los destinatarios, de los clientes de las empresas, como receptores finales de la obra acabada. Así hemos de entender la calidad en la empresa y en la industria de la construcción.

Obligada viene la pregunta, ¿pero cómo se consigue hoy, donde el proceso señalado está permanentemente solicitado por acciones y reacciones que lo perturban, por agentes externos e internos que lo desequilibran, por cuestiones aparentemente contradictorias como competividad, rentabilidad, coste, gasto, y otros elementos conexos?.

Dos premisas básicas nos van a situar sobre la respuesta:

Para acceder a este segundo requisito, es preciso garantizar que el personal encargado de desarrollar cada actividad en el proceso edificatorio dispone del adecuado y suficiente nivel de formación y sensibilidad; formación que ha de ser técnica, práctica, moderna y constante, apta como para motivar la ilusión de quien la recibe; sensibilidad, que ha de traducirse en capacidad de autoexigencia para ordenar las ideas y llevarlas a la práctica en los tajos, en cada unidad de obra que se ejecute, disfrutando con la obra bien hecha.

Se requiere, en suma, una motivación subjetiva favorable a la implantación del procedimiento, una cierta aculturación, en el sentido de cambio, de transformación, lo que venimos en llamar MENTALIZACIÓN.

Todo esto es imprescindible, pero no suficiente. Hay que mantener viva la preocupación por el bienestar de los trabajadores, velar por su seguridad, luchar para conseguir el grado óptimo de satisfacción posible para los diferentes estratos dentro del contexto socio-laboral, de tal forma que todos los intervinientes en la obra se sientan partícipes indispensables de lo que se ha diseñado y se está ejecutando, definiéndoles su cometido con claridad para que sean perfectos conocedores de las funciones y responsabilidades que corresponden a su puesto de trabajo, cuidando de que tengan la capacidad necesaria, adquieran la formación adecuada, se les facilite la información imprescindible y estén dotados de las atribuciones precisas para poder desempeñarlas sin vacilaciones.

Si disponemos del factor humano, y si la Dirección de la empresa está decididamente comprometida con la implantación de un Sistema que garantice sin posibilidad de retorno la calidad en las obras, ya sólo nos queda conocer a fondo el proyecto que queremos construir y aplicar para su desarrollo la sistemática adecuada que nos conduzca a alcanzar el objetivo previsto de la obra bien terminada.
Todos estos factores se establecen en el PLAN DE CALIDAD que ha de ser el documento y el instrumento por el que se estructuren, ordenen y dirijan las actividades intervinientes en el proceso de construcción.

GESTIÓN DE LA CALIDAD EN LAS OBRAS

Implantar un Sistema de Calidad en la empresa constructora supone, como requisito previo y ab initio, adoptar unos Procedimientos, un régimen normativo interno de obligado cumplimiento que nos defina cómo se va a controlar la ejecución del Proyecto en cada una de las unidades de obra que lo conforman, y quiénes son los llamados a exigir e implantar el Plan de Calidad.

El Jefe de Obra ha de Analizar el Proyecto ya adjudicado y aceptado, revisando la viabilidad constructiva del diseño.

Es conocido el dato que en España la calidad de los Proyectos hay que cuestionarla en un elevado porcentaje. La inmensa mayoría de los de Edificación sufre mutaciones, cambia, se modifica o reforma, siendo rara avis encontrar alguno que se lleve a cabo y término sin haber sido objeto de modificación: la falta de rigor técnico en los redactores, las carencias del diseño, deficientes soluciones arquitectónicas, y factores económicos o geotécnicos, entre otros, influyen negativamente como para que podamos considerar definitivo el proyecto que se nos presenta y aporta para su ejecución, por lo que el análisis deviene fundamental.

Estudiada toda la documentación técnica, corresponde al Jefe de Obra redactar el Plan de Calidad aplicable al Proyecto que va a desarrollar; establecer el Alcance del Plan; preparar los Puntos de Pre-visión donde se va a actuar; redactar el Organigrama de Obra en el que han de constar gráficamente relacionados todos los intervinientes en el proceso constructivo con las funciones que tienen asignadas y, finalmente, establecer los equipos con que va a contar en la obra y el Programa de puntos de inspección sistemática que se va a aplicar.

Con la Base de Datos que ha de disponer, el Jefe de Obra debe redactar el Programa de ensayos, las especificaciones de compras e informes de recepción de materiales y los ensayos a realizar.

El Control de la Documentación y el Programa de auditorías internas, son, asimismo, componentes básicos del Plan de Calidad.

Se trata, entonces, de PLANIFICAR-EJECUTAR-CONTROLAR, creando una dinámica selectiva de objetivos a cumplir y acciones a llevar a cabo por todo el equipo adscrito a la obra. La convivencia para la consecución de una finalidad definida y que resulte sugestiva para todos debe responder a una racionalidad organizativa sin sobresaltos, donde no aparezcan los clásicos dientes de sierra como característicos indicadores de presión y relajación.

COMPROMISO DE PARTICIPACIÓN

Involucrado en el Proceso de Implantación de un Sistema de Calidad, ya se ha dicho, ha de estar todo el aparato productivo de la empresa constructora incluído, lógicamente, la Alta Dirección quien, a la postre, resulta ser el Auditor primero que compruebe la correcta aplicación del Sistema y los buenos resultados del Método, corrigiendo, en su caso, y resolviendo las discrepancias, conflictos y desviaciones que pudieran surgir.

El conjunto de objetivos, directrices y asignación de recursos para el efectivo cumplimiento de la política empresarial de Calidad se establece en el que podríamos llamar PLAN ESTRATÉGICO DE CALIDAD, documento donde quedarán plasmados tanto los objetivos propiamente dichos, como las estrategias técnicas necesarias para su consecución.

La Organización de Calidad define las actuaciones para garantizarla mediante el trabajo, estudio, asesoramiento, documentación, coordinación, seguimiento y evaluación numérica de los resultados obtenidos, y con la presencia física y permanente del Jefe de Obra en los tajos, ejerciendo las funciones propias de su cargo.
Estos parámetros, a los que podríamos llamar Indicadores de Calidad, nos van a permitir medir la evolución de la Calidad en la obra y, por extensión, en la empresa.
Los requisitos que han de cumplir los Indicadores de Calidad pasarían por los siguientes fundamentos:

Por ello, la cantidad de Indicadores de Calidad será mutable en el tiempo, flexibilidad que permite la adaptación a la situación de la empresa, a las características del Proyecto, a las demandas del mercado, pero siempre encaminados a satisfacer las exigencias de los clientes, que es el fín último que ha de perseguirse, siendo típicos Indicadores de Gestión de Calidad:

El proceso brevemente analizado, aparentemente complejo -no podemos olvidar que es necesario vencer con su implantación la resistencia que se opone a lo novedoso-, ¿supone un elevado coste económico?. En este aspecto, hemos de conjugar lo que en Teoría Económica se denomina Corto y Largo Plazo.

A Corto Plazo, es evidente el gasto que supone la implantación de un sistema nuevo: estudios, diseño del Plan, formación de personal ..., pero a Largo Plazo, la implantación y desarrollo de un adecuado Sistema de Calidad ha de suponer grandes beneficios para la empresa, cuantificables en:

Aumento de los ingresos, pues con un producto de calidad se reactivará a favor de la empresa que dé más calidad el mercado potencial existente.

Disminución de costes, por la ausencia de defectos a subsanar a posteriori, los tristemente célebres repasos.

En este apartado es elocuente el Coste de No Calidad que nos aporta la Encuesta Harrington, referido a la construcción:

Prevención externos 10,5%
Evaluación 34,4%
Fallos internos 39,2%
Fallos 15,9%

El aumento de ingresos puede obtenerse por una mayor cuota de penetración en el mercado, pues un elevado índice de satisfacción de clientes por buena calidad de la obra terminada se transmite y expande a velocidad vertiginosa. Pero a mayor velocidad se nos ofrece el fenómeno inverso, la No Calidad, pues en este punto el grado de sensibilidad de la sociedad es bastante mayor.

Todo el procedimiento desarrollado tras la implantación en la empresa constructora de un Sistema de Calidad debe ir encaminado a la constatación documental de la inexistencia de quejas o reclamaciones y a la determinación real de las que se produzcan en el período de postventa, pues con independencia de que la normativa vigente regula las directrices y acciones legales que asisten al usuario y ha creado un adecuado marco legal -quizá insuficiente y disperso-, en su defensa ante el infractor de la Calidad que ha de ser exigida, la empresa de construcción debe disponer de mecanismos internos que, asimismo, regulen las condiciones en que han de terminarse las obras y el grado de satisfacción de sus clientes. Ha de articular la empresa un mecanismo, un procedimiento, por el que se obtenga la información veraz y adecuada de la evolución postventa, analizando caso a caso la posible reclamación o queja que se produzca; estudiar las causas motivadoras de tales quejas de los clientes y evaluando su trascendencia, valorar su costo y conocer los efectos que de dicha situación pudieran derivarse.

Podemos concluir esta breve exposición que pretende sensibilizar a todos los técnicos y profesionales que intervienen en un proceso edificatorio y a la sociedad en general a quien va dirigida la obra, estableciendo que la Calidad de la construcción es un termómetro adecuado para medir la temperatura del ambiente social en el que el Sistema de Calidad nace, crece, vive, y se desarrolla.

 

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