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REALES ALCÁZARES LAS HUERTAS AJARDINADAS

Sonsoles Nieto Caldeiro. Doctora en Historia del Arte

Jardines en el Alcázar existieron desde la primitiva construcción Al-Qasr Al-Mubarak o Alcázar de la Bendición en época taifa y poco después en la ampliación durante las etapas almorávide y almohade. De esos inicios, aún se conserva como testimonio el jardín de crucero de la Casa de Contratación, cuyo descubrimiento tuvo lugar en 1916, siendo alcaide de los Reales Alcázares el Marqués de la Vega Inclán, cuando se llevaban a cabo obras de alcantarillado, aunque no fue excavado y, por tanto, conocido y estudiado, en su totalidad hasta 1973, bajo el período de conservación de Rafael Manzano (1).

Jardín de las DamasEl orientalismo de su origen, siempre unido a ciertas innovaciones, fue plasmándose en los trabajos efectuados bajo el reinado de Pedro I, en el siglo XIV, y en centurias posteriores, con Carlos I y los Felipe de la Casa de Austria.

Así, el Jardín de las Damas, del milanés Vermondo Resta, de comienzos del XVII, resultó un bellísimo ejemplo en el que se mezcló el trazado hispanomusulmán con elementos manieristas propios de la época. Solados de ladrillo, bancos de cerámica, riego por irrigación, se unieron a fuentes de órganos hidraúlicos y portadas de dovelaje rústico y pilastras fajadas de trazas serlianas y vignolescas tantas veces encontradas en la jardinería europea de finales del siglo XVI.

Después surgieron otros pequeños jardines, como el del Antiguo Laberinto, el del León, el del Cenador (2), que fueron tomando terreno de las huertas del propio Alcázar, concretamente de la Alcoba, al oeste y sur de aquéllos. La Huerta ya fue elogiada por Rodrigo Caro en el siglo XVII por sus eras y hortalizas, su espeso bosque de cidros, limas, limones y naranjos y su retiro llamado de antiguo Alcoba, del que tomó nombre toda la huerta(3). Esta zona utilitaria, hortícola, se quiso siempre mantener, como en las grandes villas romanas y renacentistas y en los antiguos palacios islámicos, junto a los jardines decorativos y de disfrute. Huertas interiores, como la de la Alcoba, y exteriores, como la del Retiro, al otro lado del tramo de muralla almohade convertido en Galería de Grutescos. Ambas debieron de comunicarse a través de las galerías altas, realizadas en el XVII y reformadas, como tantas otras partes del Alcázar, tras el trágico terremoto de Lisboa de 1755, por el maestro de los R.R.A.A. Lucas Zintora con la colaboración de Sebastián Von Brocht, que trabajaba por entonces en la Fábrica de Tabacos de la capital.

Durante siglos se han mencionado estas huertas en los documentos a propósito de los sucesivos arrendatarios. Por ejemplo, consta en 1621, cómo Vermondo Resta realizó las condiciones para el arrendamiento de la Huerta de la Alcoba (4). Y así hasta nuestro siglo, a pesar de que en 1863 se empezó a dudar sobre su conveniencia por pretenderlas la Corona para otros menesteres. Sólo Alfonso XIII se decidió, al fin, en 1909 a realizar sobre esos terrenos un Parque (5).

LA HUERTA DE LA ALCOBA

Esta Huerta, tan admirada por Rodrigo Caro por sus numerosos frutales y hortalizas, vio mermado su terreno, como ya se ha mencionado, a favor de pequeños jardines que se realizaron a partir del siglo XVII. Incluso, perdió la zona de cocheras y caballerizas situadas en ella, al ser cedida a la población para la apertura de la calle nueva de San Fernando. Este terreno fue el elegido por el rey Alfonso XIII para trazar un nuevo Parque, cuando en 1909 resolvió no arrendar más las huertas; ampliándose el espacio, al año siguiente, con la adhesión de un tramo triangular de la Huerta del Retiro. Según, también, intención de Su Majestad, del replanteo de la nueva superficie, que ocupaba 47.110 metros cuadrados, habría de encargarse el jardinero-mayor de la Real Casa de Campo, Juan Gras, quien, dos meses después, presentó plano y presupuesto de 28.700 pesetas, luego sobrepasado, para el nuevo jardín, siendo inmediatamente aprobado por el Negociado del Patrimonio (6).

Cenador de Carlos IEl jardín que surgió fue un bello parque conocido como Jardín Inglés, por responder en su trazado al gusto paisajista inglés del XIX. Compuesto por praderas y bosquetes, al carecer de un terreno accidentado, el carácter naturalista lo proporcionan los paseos serpenteantes que van recorriendo y envolviendo todo el entramado arbóreo. Este nuevo Parque recordaba al existente en el Campo del Moro de Madrid, en el cual trabajó simultáneamente Juan Gras (7), situándose así lejos de los ejemplos de gusto romántico con elementos ingleses y paisajistas que dominaron en la jardinería sevillana de la centuria pasada (lagos, templetes, montañas artificiales).

No obstante, se contó con numerosos inconvenientes. La superficie, según informes iniciales del jardinero, la formaban terrenos permeables y descompuestos, sin nutrientes, por lo que, en principio, se decidió plantar arbustos y árboles que poseía el Real Patrimonio, con el fin de abaratar costes, como betunas, populus, plátanos y rosales, entre otros. Una vez comenzadas las obras, hubo de luchar además contra un auténtico obstáculo: la dificultad de adquirir agua para el riego. Un problema que venía de antiguo y no se había superado (consta en documentos de 1905 la concesión de aguas del río, que tres años más tarde tuvieron que someterse a filtraje por ser insanas para las personas). Como una posible solución, volvió a recurrirse a la utilización de las aguas fluviales, siempre que no se regase durante la estancia de los Reyes, con el aprovechamiento además de las albercas existentes en la huerta, así como de las tuberías de hierro colocadas hacía años para abastecer las mismas (8).

A lo largo de 1910, se enviaron plantas de los Reales Sitios del Patrimonio: ray-grass para terreno de secano y clima cálido, del horticultor J.P.Martin, proveedor de la Real Casa; de La Granja de San Ildefonso y de Aranjuez se trajeron numerosos ejemplares, entre los que destacan 1000 evonimus, 400 rosales bajos, 300 aligustrum japonieum, hayas, lilas variadas, granados dobles, acebos, cedros del Líbano, rosales trepadores, castaños de Indias, laureles. etc. Se colocaron tuberías de acero asfaltado, bocas de riego; se repararon los muros del Parque; y, en el triángulo tomado a la Huerta del Retiro, se plantó un extenso naranjal.

En 1920, coincidiendo con las obras de ajardinamiento del Paseo de Catalina de Ribera y con motivo de ello, junto a la antigua puerta de San Fernando, se realizó un nuevo acceso con una nueva portada, proyectada y presupuestada por Juan Talavera y José Gómez Millán, arquitectos encargados, respectivamente, del paseo público y de los Reales Alcázares.

LA HUERTA DEL RETIRO

Puerta de la Galería de Grutescos, que comunica los jardines marieristas con los de la Huerta del RetiroLa Huerta del Retiro se situaba en los lados Norte y Este de los jardines reales, al otro lado de la Galería de Grutescos. En el siglo XVII, quedó convertida en una especie de museo arqueológico al aire libre, al colocarse en ella una serie de fragmentos mutilados de escultura y obras de arte de la antigüedad (9). Tras continuas ampliaciones a lo largo de su historia, en 1832 se incorporaron terrenos de casas contiguas, del barrio de Santa Cruz, de Don Diego de Guerrero y Sidón, cuya medición y presupuesto, para su venta, fueron realizados por Melchor Cano. Sin embargo, en 1849, comenzaron las cesiones de distintos tramos y superficies al pueblo de Sevilla, primero para la ampliación de la Feria de Abril y realización del Paseo de Catalina de Ribera y ya en nuestro siglo para la ejecución de los jardines de Murillo (10).

El futuro de la Huerta fue prácticamente decidido en un período de tres años, desde la decisión real de no volver a arrendar las huertas del Alcázar en 1909, momento en el que un tramo triangular de ella fue absorbido por el nuevo Parque Inglés. Al año siguiente, otro trozo del Retiro fue cedido al Ayuntamiento para su ajardinamiento (J. de Murillo); y en 1911, se encargó por fin el proyecto de urbanización del propio terreno de la Huerta, de cuyo plano se hizo cargo el arquitecto José Gómez.

Por indicación de S.M. el Rey y el Sr. Marqués de la Torrecilla, esta nueva ampliación será de líneas rectas, con bordes de boj y plantación de naranjos, formise, palmera datilífera, un parterre inglés con una fuente en el centro... (11). De este modo, contrastaba este conjunto de jardines regulares y geométricos con el nuevo Parque de recorridos irregulares y paisajistas.

El terreno que había de convertirse en jardín medía 29.453 metros cuadrados y para su realización fue nuevamente reclamado Juan Gras, que envió proyecto y presupuesto de 29.050 pts., en el que incluía una mano de obra más barata que en el Parque Inglés, pero que, sin embargo, estaba encarecido al proponer unas plantaciones de las que carecían los Reales Sitios (boj, naranjos mandarinos, fenix datilífera, mirto grandiflora, rosales y unos dos mil árboles y arbustos de todas clases) (12). Aunque el Rey pensó hacer modificaciones en el plano de Gras, éste fue autorizado al comenzar las obras; realmente, por poco tiempo, pues a finales del año cayó enfermo, no volviéndosele a mencionar más en los documentos referentes al Alcázar.

Desde 1912, figuró como director de esta ampliación el arquitecto de los R.R.A.A., José Gómez Otero que, por problemas de salud, fue ayudado, y muchas veces sustituido, por su hijo José Gómez Millán, sobre todo a partir de 1914 en que se le nombró arquitecto auxiliar sin sueldo. Como tal, fue el autor del plano que prevaleció al final, en el que las modificaciones al proyecto de Gras fueron numerosas. El arquitecto contó con la colaboración de D. Benigno Vega y Fratel, marqués de la Vega Inclán, académico de la Historia y experto en jardines, por cuya iniciativa se realizaron éstos.

Las transformaciones fueron incrementando en mucho el presupuesto inicial. Obras complementarias de construcción de rotondas, fuentes, bancos de material, recubrimiento de escalinatas de azulejos, etc., aumentaron el coste en 7.135 pesetas; la ampliación, unos meses después, en cinco grandes cuadros con 4.089 metros cuadrados, incluyendo formación de paseos, plazas, afirmado de los mismos y, por ende, la multiplicación del número de plantas para ello, entre boj, naranjos, palmeras y rosales, base de las plantaciones de los nuevos jardines, engrosaron el presupuesto en otras 12.483'50 pesetas. A éstas se sumaron 10.204 más, para solados de ladrillo fino, tabicado de azulejos y colocación de alisares vidriados, disposición de escalinatas en cinco medias rotondas, construcción de dos fuentes de suelo de azulejos y surtidor central, y de otra fuente adosada a la muralla de los jardines antiguos, con pilastras, entablamento y cascada con caída de agua. Todo ello entre los meses de abril y noviembre de ese año de 1914 (13). Posteriormente fueron sucediéndose nuevas ampliaciones, incluidas las presupuestarias, hasta su conclusión en 1916. No obstante, aún después, se añadirían elementos de ornato que, como bancos y jarrones ornamentales de cerámica de M. García Montalván, con el emblema de Alfonso XIII, proporcionaban más colorido y acentuaban el aspecto sevillano del jardín.

Puerta del Palacio de los Duques de Arcos en MarchenaSi analizamos todos estos elementos materiales, ornamentales, vegetales y observamos el trazado de estos nuevos jardines, concluiremos en que éstos se encuentran bajo el concepto de jardín sevillano de raigambre oriental, raíz del propio Alcázar, que inspiró también el Parque de María Luisa y los jardines de Murillo, coetáneos a los de esta Huerta del Retiro.

Su trazado recuerda el del jardín de las Damas, tan próximo, con un entramado de calles rectas y cortadas en retícula. Se ordena en dos series de ocho cuadros, a los que se añadieron cuatro más junto al muro de grutescos, a espaldas de aquel jardín. En los cruces, se disponen glorietas con fuentes de distintos trazados geométricos y bancos de ladrillo y azulejos. Las fuentes y los asientos, junto al sistema de canales y riego, se asemejan a los proyectados por Forestier en 1911 en el Parque de María Luisa, de carácter hispanomusulmán. Junto al muro del Callejón del Agua, se disponen galerías y terrazas que forman un paseo en alto, recorridas por una barandilla de hierro entre pilastras que enmarcan las escalinatas de bajada a los jardines. Al final de la calle que separa esas galerías de los cuadros ajardinados, se encuentra una puerta del último gótico, procedente del Palacio de los duques de Arcos en Marchena, que Alfonso XIII había adquirido en subasta, y que fue colocada por iniciativa del Marqués de la Vega Inclán en 1915 (14).

Tras la guerra civil, el naranjal de la antigua Huerta del Retiro es convertido por J. Romero Murube en un pequeño y hermoso jardín conocido como el de los Poetas. En él dominan dos albercas rectangulares rodeadas por setos de tuyas, podados en los lados menores en semicírculo y con sendas columnas. Con una marcada influencia de Forestier, este jardín se sitúa también entre los ejemplos más significativos de nuestra jardinería Aregionalista sevillana, junto al Parque de María Luisa, el jardín de Murillo y el resto de jardines que contiene el Alcázar (a excepción del Inglés), pequeños jardinillos, íntimos y silenciosos, con el solo susurro de alguna fuente, la presencia de alguna acequia, y la sensualidad de sus olores y colores de raíz hispanomulmana pero plenamente andaluza y sevillana. Cantaba Romero Murube:

"Es el jardín hecho tacto
sobre los pulsos del alma
cuando la luz de la tarde
brilla, ya muerta, en el agua".

 

NOTAS Y ABREVIATURAS

1.- El hallazgo del jardín es comunicado por el marqués de la Vega Inclán en carta de 18 de septiembre de 1916 al Real Patrimonio, con una descripción completa del lugar y las diferentes soluciones al respecto, documentos conservado en A.P.N. Sevilla.Administración, caja 2386/9. Sobre la intervención de recuperación de este jardín, a raíz de la construcción de la nueva Delegación de Obras Públicas y Urbanismo de Sevilla, esta Consejería ha publicado un estudio de Manuel Vigil Escalera en 1992, completado con el análisis de las pinturas almohades de este mismo jardín, por parte de J. Abad Gutiérrez y S. Martínez García-Otero.

2.- Sobre estos jardines han existido múltiples publicaciones ( A. Bonet Correa, la Marquesa de Casavaldés, C. Añón Feliú), incluida la de Ana Marín Fidalgo sobre el Alcázar bajo los Austrias, por lo que evito reiterar aquí el análisis y descripción de ellos.

3.- Rodrigo Caro, Antigüedades de Sevilla, Madrid 1634, pp. 57. El Retiro al que se refiere es el Cenador de Carlos V, construido por Juan Hernández en 1543 y revestido de azulejos de estilo mudéjar, que contenía una fuentecilla al ras del suelo y un dibujo en el pavimento de la planta del laberinto vegetal que poseía el Alcázar.

4.- Marín Fidalgo, A., Vermondo Resta, Sevilla 1988, pp. 95-96. El arrendamiento cayó en la persona del pintor Lucas de Esquivel que había participado en la decoración del jardín de las Damas.

5.- A.P.N. Huertas de la Alcoba y Retiro. Parque, caja 4398/1.

6.- A.P.N. Huerta de la Alcoba y Retiro. Parque, caja 4398/1.

7.- En los jardines de la Casa de Campo sustituyó, como jardinero de los Reales Sitios que era, a Francisco Amat en 1901. Esos jardines se comenzaron a mediados del siglo XIX con el arquitecto Pascual y Colomer y el jardinero Viet, pero fue el sucesor de éste, Ramón Oliva, quien les dio el carácter paisajístico.

8.- A.P.N., Reales Alcázares. Sevilla, caja 856/1, Comunicación sobre los jardines de los Reales Alcázares (1855-1924).

9.- A. Bonet Correa, El Renacimiento y el Barroco en los jardines musulmanes españoles, en Cuadernos de la Alhambra, IV, Granada 1968, pp. 19. El autor de la idea fue Juan de Córdoba, hijo del marqués de Estepa. Para que no se perdieran, ordenó en 1659 estos fragmentos consignando los lugares de procedencia.

10.- Sobre estas cesiones se trata en el estudio de estos jardines de S. Nieto Caldeiro, El jardín sevillano de 1900 a 1929, Sevilla 1995. Ha aparecido también publicado por la autora en las revistas Aparejadores, números 49 y 53.

11.- A.P.N., Reales Alcázares. Sevilla, caja 856/1. Documento de 7 de junio de 1911.

12.- En documento de la nota anterior.

13.- Documento de la nota anterior.

14.- A.P.N., Huerta de la Alcoba y Retiro. Parque, caja 4398/1. La puerta fue comprada en subasta por el marqués de la Vega Inclán en nombre del Rey, a los duques de Osuna, a quienes pasó el Palacio en el siglo XVII.

ABREVIATURAS

A.P.N. = Archivo del Patrimonio Nacional.

 

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