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LOS JARDINES DE MURILLO

Sonsoles Nieto Caldeiro. Doctora. Historia del Arte

Los jardines de Murillo surgieron a comienzos de nuestro siglo y, al igual que el Paseo de Catalina de Ribera, como consecuencia de los problemas de ensanche y reforma de Sevilla. Se crearon, como otras zonas verdes de la ciudad, sobre terrenos del Patrimonio Real

El problema del ensanche

El ensanche, como instrumento urbanístico, es la prolongación planeada globalmente del casco antiguo que estructura de una manera lógica el desarrollo de la nueva ciudad a partir dela "ciudad antigua".

Como tal, ha venido aplicándose desde el Renacimiento, en ocasiones ligado a proyectos de reformas del interior. Uno de los primeros ejemplos hallados en la historia del diseño de la ciudad es el de Ferrara que, en el siglo XV, resolvió su desarrollo urbano con un auténtico programa de ampliación, ambicioso y moderno. Este crecimiento racional, y no indiscriminado, del plano está presente en las Ordenanzas de 1573 que Felipe II estableció para la construcción de las ciudades coloniales en Hispanoamérica. Y aunque en los dos casos mencionados se trate únicamente de un plan de dos dimensiones, como señala Benévolo, al no atender más que a la planimetría y no a la construcción de edificios, tienen un gran valor como precedentes históricos de los programas de ensanche llevados a cabo en el Barroco y, sobre todo, en el siglo XIX, momento en el que esa técnica urbanística se vincula a la demolición de las murallas que mantenían núcleos y trazados urbanos ya viejos.

También Sevilla, con un  casco antiguo de trama aún musulmana, intentó su crecimiento y renovación desde los comienzos de la pasada centuria, a pesar de no contar con unas ordenanzas que regulasen su desarrollo. No obstante, Sevilla planteó su ensanche desde aspectos bien distintos a lo que significa realmente esta técnica, y lejos de lo que hubiera supuesto un plan articulado.

Desde un primer momento, la atención se dirigió hacia los alrededores de la ciudad antigua. Así,el Asistente José Manuel de Arjona, con el arquitecto Melchor Cano, se encargó de potenciar y embellecer desde un puntode vista burgués, el sur inmediato de la ciudad, bajo una filosofía rousseauniana  y rusticista, que se puso ya de moda en el siglo XVIII, y que aún se mantendría con el asentamiento de los Montpensier en San Telmo y en otras intervenciones llevadas a cabo entre el Prado de San Sebastián y el río.

En los años centrales del siglo XIX, la actividad del arquitecto Balbino Marrón resultó más interesante y racional, tanto en el interior -abriendo su compacta trama con varias plazas públicas como en la periferia. Con la cubrición del Tagarete y su proyecto de ronda ajardinada, incorporó una visión urbanística más acertada y lógica (1).

Pero todas estas actuaciones no resolvían el problema urbano que persistía desde hacía siglos. Por eso, y a travésde numerosos planes parciales e innumerables propuestas y proyectos, el interés se centraría, en el último tercio del siglo,en el saneamiento de determinados barrios del interior de la ciudad, para acometer conjuntamente problemas insoslayables de insalubridad e higiene.

El Barrio de Santa Cruz y la Huerta del Retiro

En ese último tercio del siglo XIX, reforma interior y ensanche se concibieron conjuntamente; éste sería planteado casi siempre desde una perspectiva de apertura de la ciudad, principalmente hacia la zona Este, hacia ese tramo alineado de ronda que Balbino Marrón ajardinó entre las Puertas de San Fernando y la de la Carne.

En este punto confluían dos espacios de la ciudad: el Barrio de Santa Cruz (cerrado y malsano) y la Huerta del Retiro de los R.R.A.A. Ambos, durante unos cuarenta años, fueron centro de múltiples propuestas en las que el problema del ensanche se confundió con un problema de limpieza y saneamiento de dicho barrio, como fue el caso del proyecto de Juan Talavera de la Vega de 1882 de abrir dos vías que, atravesando la citada Huerta del Alcázar, salieran al actual Paseo de Catalina de Ribera. Aparte de solucionar así la situación insalubre de ese barrio, se rentabilizarían, como señala A. González Cordón, terrenos de reserva existentes aúnen la ciudad (2), "terrenos de reserva" que, como sucediera anteriormente (1849 y 1862), eran propiedad de la Casa Real.

Las sugerencias sobre la posible utilización de esos terrenos fueron varias. Desde la construcción de una barriada de "hotelitos", patrocinada por las empresas del ferrocarril,a la realización de un Parque para la higiene del vecindario . Ambas ideas se mantuvieron también en el XX, aunque ya cuando la Corona cedió en 1862 un trozo de la misma Huerta del Retiro para la alineación del Paseo ajardinado en el tramo Este de la ronda junto a la Puerta deSan Fernando, lo hizo bajo la expresa condición de no construir en esa zona, y esa opinión persistió ante posteriores solicitudes (3)

Pero pocas propuestas se efectuaron en las últimas décadas del siglo XIX y, así, cuando en 1895 se promulgó la Ley de Obras de Saneamiento y Mejoras, todos los problemas de reformas, ensanche o salubridad se encontraban sin resolver, desembocando en el plan que José Sáez y López dirigió a partir de dichale y. El plan que proponía una serie de alineaciones y mejoras para la ciudad, cuenta también con vías de comunicación entre el barrio de Santa Cruz y la Ronda. En ese momento, el alcalde deSevilla, Gaspar de Atienza, marqués de Paradas, se puso en contacto con el alcaide de los R.R.A.A. para tratar sobre la apertura de esas nuevas calles de salida hacia el Prado; por primera vez, éste mostró interés en este asunto y, en uso del derecho que daba la Ley de18 de marzo de 1895, sugirió la variación de trazados que le habían sido propuestos.

Desde los comienzos del presente siglo, se sucedieron proyectos y planos insistiendo en la conveniencia de sanear ese barriode Sevilla y de encontrar una comunicación con la Ronda. Son mencionables las proposiciones de Fernández Peña, que apuntaba a la edificación de hoteles y casas baratas para obreros, dada la cercanía de varias fábricas (4) y la del arquitecto Manuel Martínez Ángel; el plano de Pedro de León y Manjón de 1904, en el que puede verse una nueva calle desde el inicio de Mateos Gago al paseo de Catalinade Ribera; la insistencia de José Laguillo desde el periódico El Liberal ; o el programa de reformas de 1909 de Juan Talavera y Heredia, en el que aludía a "otras (vías) que desdela Plaza de Santa Cruz y Plaza de Refinadores den aire y viabilidad áaquel barrio de Sevilla..." (5).

Los nuevos Jardines

Muro de cerramiento del AlcázarTodas estas propuestas e intentos dieron lugar a la realización de una petición formal al Rey D. Alfonso XIII de los terrenos necesarios de la Huerta del Alcázar. No obstante, no apareció nada oficial hasta 1910 en que se hizo un proyecto de escritura. El Intendente Coronel de Ingenieros Salomón Jiménez envió en mayo de dicho año al Marqués de Borja, Intendente General de la Real Casa y Patrimonio, bases y plano "para la cesión de parte de laHuerta del Retiro perteneciente al Real Patrimonio, apertura de nuevasentradas al barrio de Santa Cruz y trazado de carreteras y jardines enla parte cedida" (6). Como se aprecia en el mencionado plano, se abren dos vías convergentes hacia el paseo de Catalina de Ribera que parten , respectivamente, de la plaza de Alfaro y de la de Santa Cruz, ajardinándose en tres partes el terreno triangular cedido.

De este modo, la cesión se llevó a cabo extraoficialmente a comienzos de 1910, no legalizándose en Escritura Pública hasta enero del año siguiente. Según las Claúsulas de ésta, la superficie alcanzaba los ocho mil ochocientos cincuenta y cuatro metros y cuatro centímetros cuadrados, y debía destinarse, como se había venido insistiendo desde el siglo XIX, exclusivamentea jardines o parque, sin derecho a edificar (7). La parcela, arrendada simbólicamente por una peseta anual, fue representada ya el día12 de ese mes por el arquitecto de los Reales Alcázares, JoséGómez, en un plano que reproduce la totalidad de la Huerta.

Una vez entregados los terrenos al Municipio, Juan Talavera y Heredia se encargó de realizar la memoria y planos de los proyectosde apertura de calles y del muro de cerramiento de ese lado de la Huerta. En su plano, y a diferencia del de Salomón Jiménez, las dos vías planteadas no convergen en el Paseo adyacente, sino que transcurren paralelas.

La obra de jardinería se acometió inmediatamente, según el proyecto del ingeniero Sr. Doblado, aunque las obras sedesarrollaron con gran lentitud por falta de dinero. Pronto se trazaron una serie de paseos que atendían más a la comodidad del público que a planteamientos estéticos, y varias glorietas; se plantaron acacias blancas, palmeras, plátanos, adelfas, nectalias, plantas coníferas y, como revestimiento de la muralla que limitaba uno de los lados del jardín, yedras, jazmines y otras trepadoras.

Como en tantos otros casos de reformas de Sevilla, eldiario  El Liberal informó sucesivamente sobre la marcha de las obras con todo lujo de detalles, desde la anchura de los paseos y la construcción de escalinatas, al tipo de plantaciones o la disposición de fuentes y jarrones (8). A medio hacer el jardín, desde este diario, el Sr. Laguillo mostró su preocupaciónpor la falta de nombre del nuevo parque que, al parecer, ya era llamado por el pueblo Parque Chico. Así, en 1917, se decidió que fuera denominado de Murillo como homenaje al pintor sevillano que había nacido cerca de allí; incluso, se propuso la ejecución de un pequeño monumento al pintor que llegó a diseñar Juan Talavera, pero que no se efectuó (9).

La Glorieta de García Ramos

Cuadro cerámico de la glorieta de García RamosEl jardín se conformó a base de glorietas. La más destacada, por su estructura y significado, fue la dedicada a otro pintor sevillano, José García Ramos. Esta glorieta fue solicitada por una serie de artistas de Sevilla al Ayuntamiento el14 de febrero de 1917. Los propios artistas sufragaron las distintas obras, de cerámica, arquitectura, escultura o cerrajería. La glorieta no se finalizó hasta mayo de 1923 (10).

Tiene en su centro una fuente baja de azulejos, de recuerdo hispanomusulmán, y está rodeada por bancos de cerámica pintada que reproducen cuadros pictóricos de García Ramos, en los cuales intervinieron Miguel Ángel del Pino, Alfonso Grosso, Santiago Martínez, M. Vigil Escalera, Diego López, Francisco Palomino. Uno de los accesos está enmarcado por una puerta adintelada con frontón y de estilo barroquizante sevillano, en ladrillo entallado,con un retrato de García Ramos ejecutado por Manuel de la Cuesta. Los otros accesos se forman a través de cipreses recortados en arco.En ella colaboraron también Agustín Sánchez Cid y José del Pando, siendo trazada por el arquitecto Juan Talavera. Fue él precisamente quien, el día de la inauguración, ensalzó y justificó la obra con estas palabras: "No se quiso hacer el frío monumento de piedra y bronce, sino una pequeña e íntima glorieta de ladrillos y azulejos pintados, en los que conveneración y cariño los discípulos han demostrado que conservan en sus almas las enseñanzas recibidas. No podía tener el monumento lugar más apropiado..." (11).

Los Jardines de Murillo, hoy

Los jardines de Murillo, como evoca Romero Murube, están dentro del "canon sevillano, es decir, del jardín pequeño o del jardín grande formado por la suma de nuestros pequeños jardines" (12). Con fuentes y asientos de ladrillo y azulejo, con sus pequeñas glorietas entrelazadas, representa un ejemplo purísimo de jardín andaluz, guardando el recogimiento y misterio de los rincones musulmanes andaluces, y poseyendo ese carácter recoleto de muchas plazas sevillanas, algunas de las cuales corresponden al propio Juan Talavera.

Por su fragmentación, su silencio, su sombraje y fuentes bajas, responde a la estética sevillana de jardín,a la que se añadió una nota funcional y moderna en la disposición cómoda de los paseos trazados por el ingeniero. Pero hubo, además, una evocación clásica en sus elementos arquitectónicos: la fuente de tres tazas escalonadas en mármol, trasladada a una de las glorietas desde las Casas Consistoriales por el Sr. Doblado; fuente hoy desaparecida, tras su destrozo, por el auténtico vandalismo que se está imponiendo en nuestras ciudades y la falta de respeto por objetos y lugares públicos, que están padeciendo de un modo alarmante los jardines y el mobiliario urbano sevillano.

El conjunto del jardín fue transformando su estructura con la variación y crecimiento de los árboles. Entre éstos, destaca J. Elías Bonells, las Cousapoa de albata y Ficus rubiginosa, las Mahonia japónica, las Clerodendron fragans y Nandina domestica (13). Igualmente, fue modificada la pavimentación de los paseos hace ya unos veinte años. La situación de los jardines hoy es absolutamente deplorable. Capiteles arrancados y saqueados, bancos y azulejos deteriorados, pobres huellas de haber existido fuentes y surtidores.Y, a pesar de ello, el jardín aún se hace silencio, sosiego, umbría; mientras los grandes y viejos troncos de los ficus siguen alargando sus raíces, bajo el pavimento, sobre la tierra, pletóricos de vida, testigos mudos de una destrucción vandálica.

Notas

 

 

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