Sobre el cielo de su cara
estaba escrita la suerte:
para aquel que los mirara
sus ojos de noche clara
era la vida o la muerte. Recordando aquellos años
quise alegrar mi vejez
y olvidando desengaños
e inmune ya a tales daños
hasta el puente fui otra vez.
De Tablada mi memoria
creía verla venir.
Turbio de siglos e historia,
de locuras y de gloria,
corría el Guadalquivir.
Las horas en su andadura
arrastraban a la tarde
haciendo que mi apostura
tornara su desventura
en desánimo cobarde. |
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Al ver mi espera frustrada
el sol el paso refrena
entre Sevilla y Tablada
y el río con voz cansada
me susurraba su pena. Pasó el tiempo y hoy en día
aún me pregunto si aquello
fue una pura fantasía
bizarra galantería
o de locura un destello.
Y me respondo que todo
fue simple cuestión humana
que por cuestión meridiana
no pudo ser de otro modo.
-Era moza y sevillana.
Carlos Rocha |